FRANCISCO GALLINAL
El gobierno tuvo en la sequía una oportunidad sublime para demostrar su respaldo al sector productivo que, prácticamente en toda la extensión agropecuaria, fue crudamente afectado por la misma. Porque si con algo se llenaron la boca fue con el "país productivo", queriendo con ello formular una apelación en contra del llamado "país financiero" y dando a entender que su norte sería la promoción de la inversión real y el apoyo a la producción.
No obstante, las políticas económicas desarrolladas respetaron muy poco ese postulado, e incluso en algunos aspectos se movieron en la dirección opuesta.
Ya desde el inicio se desconoció el contenido planteado en los acuerdos programáticos, pero lo más importante y positivo que puede decirse de la conducción económica global y sectorial es que no se plantaron frontalmente a contramano del crecimiento económico que el país tuvo a influjo de la situación internacional. Hubo amenazas de medidas dirigistas y populistas, pero en los hechos, afortunadamente, no fueron más allá de cuestiones menores como el "asado del Pepe".
El problema central es que la fuerza política de gobierno no cree en la lógica de los mercados ni la comprende.
Disfrutó la bonanza sin aprovechar adecuadamente las oportunidades que brindaba para: reducir la presión fiscal, generar ahorros, reducir el endeudamiento e impulsar la inversión productiva y ahora mira la crisis desde la óptica de las teorías conspirativas de los supuestos "especuladores", teoría que podrá ser recibida con beneplácito por sus incondicionales, pero al eludir la autocrítica y las medidas de fondo pone a toda la población en serio riesgo de agravar los problemas.
La estructura productiva del país respondió con firmeza y dinamismo al ciclo favorable de la economía mundial, utilizando la capacidad ociosa poscrisis y generando nuevas inversiones, especialmente en el sector agropecuario. Lo hizo con competitividad y rentabilidad a pesar de:
1- Un tipo de cambio débil.
2- Inconsistencias entre el manejo de las variables macroeconómicas y las políticas micro (problemas laborales, inseguridad jurídica, etc.).
3- Incremento de costos salariales y de tarifas en exceso de la productividad.
4- Ausencia de políticas sectoriales orientadas a promover la inversión generadora de mayor valor agregado.
5- Problemas en el Mercosur.
6- Desaprovechamiento de oportunidades para potenciar las relaciones económicas externas (TLC con EE.UU.).
Persistentemente el desmelenado gasto público originó presiones inflacionarias, que a la larga erosionan las inversiones al distorsionar los sistemas de precios, y más cuando su enfrentamiento se hace con descoordinación entre las medidas monetarias y las fiscales.
Los acontecimientos recientes no hacen más que confirmar el "corso a contramano" del gobierno y su enorme lejanía, no ya de concebir un hipotético "país productivo", sino de comprender el existente.
Muchas, de las 20 medidas que propusimos en la interpelación a Agazzi, siguen siendo necesarias e imperiosas para ayudar a amortiguar el duro impacto de la sequía. Se han producido daños irreversibles, y otros van camino de serlo a pesar de la lluvia. El gobierno sigue sin darse por aludido.