El tradicional desfile de Llamadas vio truncado su 50� aniversario debido a que el estallido de violentos enfrentamientos y peleas obligó a suspender el evento cuando aún restaban varias comparsas por desfilar.
Más allá del hecho puntual, y de cuales hayan sido las causas efectivas que motivaron los incidentes, este nuevo escándalo de violencia, se suma a otros numerosos hechos acaecidos en los últimos tiempos, y obliga a pensar que algo más profundo y grave está sucediendo en nuestra sociedad.
Desde la muerte de un joven en una discoteca donde la policía no lograba que la gente dejara de bailar para atender a un herido de bala, la violenta agresión a periodistas y jugadores en un partido de basquetbol en Mercedes, el frío asesinato de un chofer de ómnibus, parece que todos los días amanecemos con una noticia de estas características.
Y aquí no caben las soluciones simplísticas que suelen emitir los "expertos", ni culpar a la pobreza, o a la televisión ni a "los inadaptados de siempre". La diversidad de ambientes económicos, culturales y sociales en que estos fenómenos se están dando hace pensar que estamos ante algo más grave, y que requiere un análisis más a fondo y dejar atrás los preconceptos.
Es evidente que todos estos ingredientes tienen incidencia en el clima de violencia que se respira en el país, pero ese constante recurrir a causas exógenas termina contribuyendo a encontrar permanentes excusas que no nos permiten valorar los hechos en su real dimensión.
Sí, es verdad que hay problemas de drogas, es verdad que hay pobreza, es verdad que hay muchas dificultades, pero estos elementos no son nuevos y van a estar entre nosotros por bastante tiempo antes de que consigamos solucionarlos, y ¿hasta entonces qué?
Luego del caótico final de las Llamadas, 25 personas fueron arrestadas, y todas quedaron en libertad antes de 24 horas. Algo similar ocurrió luego de los bochornosos incidentes en Mercedes. No se trata de reclamar mano dura, o excesos policiales, pero si que cuando alguien comete un atropello de este tipo, deba asumir la responsabilidad de sus actos.
Y pensando a largo plazo, en momentos en que se debate realizar nuevas reformas al sistema educativo, no vendría mal intentar plantearse que se puede hacer para enfrentar este flagelo de violencia que parece atravesar a todos los estamentos de la sociedad.