WASHINGTON | AFP, AP Y ANSA
Dos grandes recepciones, con aplausos, se sucedieron ayer en el Departamento de Estado de EE.UU. Una fue con la llegada de Hillary Clinton, la número uno de esa secretaría. La otra, horas después, fue con el arribo del presidente Barack Obama.
La ex primera dama, que asumió ayer como secretaria de Estado, llegó con la promesa de apelar al "poder inteligente" para sostener dos de las tres columnas de la política exterior de Estados Unidos: diplomacia y desarrollo. La otra es la defensa, tarea que corresponde al Pentágono. Por su parte, Obama destacó ayer "la importancia de la diplomacia" para su flamante administración y la necesidad de "renovar el liderazgo" norteamericano en el mundo.
El "poder inteligente`` anunciado por Clinton parece ser un viraje de la "diplomacia de transformación`` propugnada por su antecesora, Condoleezza Rice, durante los tres años finales del gobierno del presidente George W. Bush.
"Esta es una nueva era``, dijo Clinton hablando ante un personal bullicioso y entusiasta del departamento en su primer día en funciones después de ser confirmada en la víspera por el Senado.
Horas después, Obama arribó al Departamento de Estado para saludar a los diplomáticos y a Clinton, quien fuera su rival en las internas demócratas del año pasado.
"Es mi privilegio venir aquí a pagar tributo a todos los talentosos hombres y mujeres del Departamento de Estado", a quienes "les hice un regalo temprano: Hillary Clinton", bromeo el presidente.
ENVIADOS. Obama no perdió el tiempo en materia de política internacional, la gran estrella de su agenda de ayer, que comenzó con la firma de varios decretos que incluyeron el cierre de Guantánamo en el plazo de un año (ver página anterior). El presidente designó a un enviado especial para Medio Oriente y otro para Afganistán y Pakistán. Los dos con probado éxito en la diplomacia.
En el primer cargo colocó al ex senador George Mitchell -ex negociador para Irlanda del Norte-, mientras que para el segundo eligió al ex embajador ante Naciones Unidas, Richard Holbrooke, quien lograra en 1995 el acuerdo de paz que puso fin a tres años de guerra en la ex Yugoslavia, durante la Presidencia de Bill Clinton, esposo de la hoy flamante secretaria de Estado.
Por su lado, Mitchell es quien apadrinó las negociaciones de paz en el conflicto norirlandés, que culminó con el histórico acuerdo del Viernes Santo de 1998, también durante la era Clinton. Éste será enviado al Medio Oriente lo antes posible, aseguró Obama, quien pidió a Israel que abra los pasos fronterizos de Gaza para que puedan ingresar mercancías y ayuda humanitaria, como parte de un alto el fuego duradero tras el conflicto con Hamas.
Al igual que Hillary, Obama se comprometió a trabajar por un alto el fuego duradero. Pero el presidente dejó en claro que su gobierno "está comprometido con la seguridad de Israel" y defenderá su derecho "a defenderse contra amenazas legítimas". Apuntó contra Hamas y su lanzamiento de cohetes "contra israelíes inocentes", aunque agregó que eso es tan intolerable como "el futuro sin esperanza de los palestinos".
Obama expresó su "firme compromiso y activo compromiso" en una solución que implique "dos estados (Israel y uno palestino) viviendo lado a lado en paz y seguridad". Lo mismo que quiso hacer Bush tras Annapolis, y no pudo ser.
Llegó el "poder inteligente" y reemplaza "transformación"
Hillary Clinton ha dicho que usará en su gestión el "poder inteligente", al cual definió como "una amplia gama de instrumentos a nuestra disposición -diplomáticos, económicos, militares, políticos, legales y culturales- seleccionando el instrumento o los instrumentos apropiados para cada caso".
Es el cambio respecto a la "diplomacia de transformación" que su antecesora, Condoleezza Rice, lanzó en 2006 como vía hacia una mayor figuración estadounidense en el mundo, mediante la participación de sus diplomáticos en el debate interno de las naciones. Los embajadores, como parte de esa estrategia, apelaron a una "activa capacidad de comunicar`` el mensaje de Washington, algunas veces fuera incluso de los patrones de la diplomacia convencional.
En muchos países, esto tuvo como resultado que los embajadores de Washington fueron acusados de intervenir en los asuntos internos. El año pasado el caso llegó a niveles de crisis en América Latina cuando Bolivia y Venezuela expulsaron a los embajadores de Estados Unidos, un problema que espera todavía una definición de Clinton. AP