Echado en el piso. Al sol. Mirando los barcos entrar y salir del puerto de Punta del Este. Esperando los restos de pescados que algunos le dejan. Así de sencilla es la vida de este y otros "lobos peluca" en el puerto de la península. El de la foto es el mayor. Es probable que se considere el dueño del lugar a base de vivir allí desde hace mucho tiempo. Y a pesar de estar en un lugar bastante transitado en esta época del año, es un ser huraño. La foto da un buen ejemplo. Cada vez que alguien se acerca amistosamente a acariciarlo, engañado por su pacífica actitud, gruñe y logra sacarse a los molestos de encima. Nunca atacó a nadie. Solo quiere tranquilidad. Y más pescado.