La lista es deprimente, pero sin embargo se repite todos los años. Lo que ocurre es que algunas organizaciones internacionales vinculadas con la actividad periodística, elaboran cuadros en los que consta la cantidad de colegas que han muerto de manera violenta en el desempeño de su profesión. Echar un vistazo a esas listas permite comprobar que el oficio del periodismo no es algo tan pacífico ni tan seguro como algunos uruguayos podrían creer, afortunadamente alejados de los centros en que suceden casi todos esos casos de una violencia homicida en que se incurre para tapar la boca de quienes opinan o informan sobre lo que pasa en el mundo. Contabilizar anualmente a los periodistas muertos en acción, es una manera de abrir a esas víctimas un margen de admiración, porque su final sangriento es una prueba del coraje con que han asumido el compromiso de decir la verdad, que es algo a veces arriesgado y otras veces directamente mortífero.
Por un lado, la prestigiosa Reporteros sin Fronteras elaboró su tablero de colegas caídos durante 2008. Ese informe dice que fueron 60 en todo el planeta, lo cual en cierto modo resulta alentador, porque hubo un 22% de víctimas mortales menos que en 2007. Más grave es lo que esa entidad dice sobre Internet, porque en ese otro medio hubo un "blogger" asesinado, 59 arrestados por las fuerzas del orden, 45 físicamente agredidos y 1.740 sitios de información cerrados o suspendidos temporariamente a escala mundial. Claro que el documento reconoce que en 2008 hubo 26 periodistas asesinados menos que el año anterior (y también disminuyeron los episodios de agresión en más de 500 con respecto al 2007), a lo que debe sumarse que bajó de 67 a 29 el total de periodistas secuestrados, otro extremo capaz de ilustrar los riesgos a que se enfrentan ciertos investigadores osados o algunos corresponsales que se aventuran en zonas de máximo peligro. Ojalá esa gráfica descendente signifique que esta Tierra puede encaminarse hacia formas de convivencia algo más civilizadas.
Por otro lado, la Sociedad Interamericana de Prensa elaboró su propio texto al respecto, que difiere del anterior en varios aspectos. El de Reporteros decía que en México hubo 4 periodistas asesinados en plena actividad a lo largo del año, pero el de la SIP dice en cambio que en ese país fueron 9 los que sucumbieron cuando al narcotráfico le molestó lo que decían. También coincide en el cómputo de 9 mexicanos muertos el informe de la Campaña Emblema de Prensa, otra entidad según la cual durante 2008 hubo 95 periodistas asesinados en el mundo, un 17% menos que el año anterior.
Y por último, el Comité Para la Protección de Periodistas señala que fueron 41 los miembros de la prensa y demás medios abatidos durante el año pasado, aunque se sigue investigando si otras 22 muertes dudosas estuvieron relacionadas con la actividad profesional de esas víctimas. Como puede verse, no todas las informaciones coinciden en las cifras manejadas, pero en cualquier caso el panorama sigue siendo perturbador, aun en los niveles más optimistas.
Junto con los montos de tales estimaciones, el otro factor que inquieta es la bajísima cifra de los casos de asesinato que resultan esclarecidos, porque entre 54 episodios en los cuales hubo periodistas muertos en plena acción o asesinados (siempre a nivel internacional) sólo en uno se alcanzó un procesamiento exitoso, en que resultó probada la culpabilidad de los responsables de una muerte. Cuando se recuerda el número de periodistas ultimados por aquellos a quienes investigaban, vale la pena tomar en cuenta el proceso ocurrido a lo largo de la última década, porque en ella se pasó de 70 asesinados en 2002 a un promedio de 173 anuales en 2006 y 2007, lo cual permite calcular que durante esos diez ejercicios hubo un promedio de dos periodistas asesinados en cada semana. Y aunque en 2008 las cifras bajaron, puede decirse que en ese año fue Irak el país más peligroso para las actividades de prensa, ya que hubo 15 muertos a lo largo de ese año y eran todos iraquíes. De paso, ello permite reflexionar sobre el desolador panorama de un conflicto iniciado en marzo de 2003, que está a punto de cumplir seis años de fragor.
Heroicamente, ciertas avanzadas periodísticas siguen figurando en una primera línea de intrepidez y valentía. No es fácil ponerle una mordaza a los mensajeros de la verdad.