MATÍAS CASTRO
AMónica Farro le han cortado las alas. La censuraron. Le pusieron un límite a sus capacidades. Le colocaron una pared para detener su avance. La reprimieron. Y lo que es peor, mucha gente no puede ver lo que quiere, y ella está de acuerdo.
El productor de la obra de teatro La fiesta está en el lago, en la que actúa en villa Carlos Paz, le pidió que no se desnude en público. Así fue coartada su libertad. Al menos no fue la única, ya que también le pidieron lo mismo a Valeria Archimó.
Pero todo esto fue relatado por la propia Mónica. Dijo que firmó un contrato que le exige no hacer shows en discotecas, participar de desfiles en bikini o en ropa interior ni hacer strip dance ni, por supuesto, el tan querido baile del caño. Lo importante es, según el contrato, que no muestre el trasero. Gran frustración para muchos. El productor, por su lado, se aseguró la exclusiva. Usted puede ver a Mónica Farro en cualquier lado, si es que está en Carlos Paz, lógicamente, pero siempre vestida.
Si la quiere ver como Dios la trajo al mundo, hay otras opciones. En la obra de teatro no la verá así, pero la encontrará con menos ropa. También puede encontrar sus fotos en Internet, con un breve rastreo. Ahí es probable que la encuentre con menos ropa aún. O de lo contrario, puede alejarse de Carlos Paz, en caso de estar ahí, unos cien kilómetros. El contrato que firmó le exige no hacer los desnudos ni actividades citadas en un radio de cien kilómetros de la ciudad.
Pero Mónica no va a moverse de allí mientras dure la temporada.
"La medida me parece muy razonable", dijo Mónica. Al resto del público no le pareció tan razonable. Pero son las reglas del juego.
Desde el punto de vista de la producción es comprensible que se intente proteger el producto que se vende. Así es como funciona el negocio.