La vió en Portezuelo y en paz

DIEGO FISCHER

Tal vez por su geografía y por su natural embrujo, Punta Ballena fue elegida a fines de la década del 40 como refugio de los exiliados catalanes que huían de la España de Francisco Franco. Los primeros y más conocidos fueron el arquitecto Antonio Bonet y el médico Juan Cuatrecasas. La última de aquella diáspora fue la actriz Margarita Xirgú, quien dirigía la Escuela de Arte Dramático de Montevideo (EMAD). Junto a su marido, Miguel Ortín, llevaba varios años deambulando por Argentina, Chile y Uruguay. Conocieron Punta Ballena luego que Cuatrecasas los invitó a pasar un fin de semana en su chalet Ul-De-Ter. Decidieron entonces echar raíces y construir su propia casa. La actriz, para quien Federico García Lorca escribió varias de sus obras de teatro, entendió por aquellos años que su regreso a España nunca se concretaría (había jurado no volver mientras gobernara Franco) y que era hora de tener un hogar. Algo similar le había ocurrido años antes a su compatriota, el poeta andaluz Rafael Alberti, pero éste eligió la parada 15 de la Mansa para soñar con el Mediterráneo desde el Atlántico. Xirgú encargó el diseño y la edificación a Bonet que entonces había concluido con la urbanización de las tierras que -décadas antes- forestó Antonio Lussich. En medio de ese gran bosque, rodeada de pinos, castaños, madroños y eucaliptos y a metros del mar de Portezuelo, Margarita encontró su lugar en el mundo, fuera de España. Allí se recluyó luego de que se jubiló de sus tareas al frente de la EMAD y de la Comedia Nacional. Quienes la visitaron en esos años, cuentan que nunca hablaba del pasado. No había en su conversación espacio para los recuerdos; quizás porque eran muchos y le producían un gran dolor. En 1968, un año antes de su muerte, la periodista María Esther Gilio quiso entrevistarla. La Xirgú se negó y dijo: "escriba lo que vio, cómo me vio. Margarita en paz".

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