Alvar Núñez: caminante y sanador

Luciano Álvarez

A los 27 días de marzo de 1555 "Alvar Núñez Cabeza de Vaca vecino de Sevilla y residente en la corte de Valladolid" gana un pleito que tiene con doña "Jerónima de Sotomayor vecina de esta corte", por el empeño de unos bienes.

Mediante sentencia recupera "un repostero de armas", "una cama de campo cumplida de tornasol guarnecida con sus franjas de seda y trenzas y cordones con unas hebillas de metal que tuvo toda ella diez piezas" y "un camafeo de franjas de seda colorada con una medalla de oro que tiene la figura de San Jorge".

En medio de pleitos, pobreza y súplicas de subsidios para curar sus enfermedades, llegaba al fin de sus días el aventurero que había recorrido incontables kilómetros a pie -dicen que diez mil- entre el golfo de México y el Océano Pacífico, que volvió a caminar largamente por el Río de la Plata, dio el primer testimonio sobre las cataratas del Iguazú y buscó las Sierras de Plata.

El hidalgo Alvar Núñez Cabeza de Vaca frisaba entonces los setenta años; habría nacido alrededor de 1488 en Jerez de la Frontera, nieto de Pedro de Vera, conquistador de la Gran Canaria.

Cerca de su lugar natal se encuentra el puerto de Sanlúcar de Barrameda. De niño quizás vio zarpar al Comandante de la Mar Océano, Cristóbal Colón, en su tercer viaje o a Hernando de Magallanes. Seguramente escuchó las más alucinadas historias traídas por los marinos que regresaban de las Tierras del Sin Fin.

Sin embargo no fue ese su destino primero, sino el de las guerras de Italia. Es seguro que participó de la batalla de Ravena (1512), regresando a Nápoles "muy destrozado".

Al año siguiente entró al servicio del poderoso Duque de Medina Sidonia y pasarán varios años sin novedades ni fortunas. En 1520 se casó con María Marmolejo, "adinerada en tiempos y venida a menos".

Pero el destino de un hidalgo era ganar gloria y fortuna en las Indias. Con esa incumplida obsesión se acercaba a los cuarenta años cuando se enganchó como tesorero y alguacil mayor en la expedición de Pánfilo de Narváez. El 17 de junio de 1527 la flota de cinco barcos y unos 600 hombres, zarpó de Sanlúcar de Barrameda hacia la Florida.

En pocos meses estarán diezmados y dispersos: tormentas, deserciones, ataques de los indios, hambre y enfermedades, terminan con el contingente español. Pánfilo de Narváez se pierde en el mar. Apenas sobreviven Alvar Núñez y quince o veinte hombres, de los cuales sólo cuatro llegarán al término de una aventura de ocho años.

En la costa de Texas fueron capturados y esclavizados. Sin embargo Cabeza de Vaca, astuto y observador, ganó la confianza de sus amos y trabajó de mercader. Su suerte cambió definitivamente cuando "vinieron unos indios a (Alonso del) Castillo y dijéronle que estaban muy malos de la cabeza, rogándole que los curase y después de que los hubo santiguado y encomendado a Dios, en aquel punto los indios dijeron que todo el mal se les había quitado... y (…) vinieron otros muchos enfermos aquella noche para que los sanase".

Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo, Andrés Dorantes y Estebanico, un esclavo moro, lograron fama de sanadores usando conocimientos de medicina -más bien digamos de enfermería- propios de su vida de soldados, sumadas a ritos cristianos y observaciones sobre las prácticas indias. Además tenían la prudencia de advertir que los pecados de los enfermos podrían estorbar el proceso médico "y no todas las veces sucediese bien el curar".

Luego de seis años, en 1534, decidieron escaparse hacia México. Su fama de sanadores les precedía, de modo que pronto reunieron un séquito de indios, en una suerte de banda picaresca, mezcla de ladrones y culto religioso ambulante.

Cuenta Gonzalo Fernández de Oviedo que al llegar a un pueblo, mientras una multitud de gente recibía a los sanadores y "sobre ellos cargaba para que los fregasen y sanasen las enfermedades", los otros "robaban a los que así sanaban y a los demás, de forma que no les dejaban cosa de esta vida..."

Aunque no se conoce con exactitud el itinerario seguido por el grupo en su camino de dos años hacia el oeste, lo cierto es que Cabeza de Vaca y sus compañeros fueron los primeros europeos en cruzar América del Norte, desde el Atlántico al Pacífico. Llegados a la costa de California tomaron rumbo al sur hasta que, en mayo de 1536, se encontraron con una tropa española cuyo capitán no tuvo mejor idea que enviarlos presos a Culiacán. Salvados los inconvenientes, partieron hacia la ciudad de México.

Presentados ante el Virrey, Antonio de Mendoza, el 23 de junio de 1536, fueron objeto de grandes fiestas y homenajes. Si bien sedujeron con el relato de su odisea, que incluía fabulosas leyendas como la de las siete ciudades de Cíbola, colmadas de oro y piedras preciosas, salvo Estebanico, que acabaría muriendo en una expedición en busca de Cíbola, los demás no se harían cargo de sus fabulosos relatos y se volvieron a España a principios de 1537.

Cabeza de Vaca escribió entonces la crónica de sus peripecias: "Naufragio de Alvar Núñez Cabeza de Vaca y relación a la jornada que hizo a la Florida con el adelantado Pánfilo de Narváez". Conocida simplemente como "Naufragios", es una cumbre en su género y de las más populares en su tiempo. La edición príncipe fue editada en Zamora en 1542. En 1554, apareció una traducción al italiano y desde entonces se han hecho más de 50 ediciones; la más extensa, con comentarios, fue publicada por la Universidad de Nebraska en 1999. También puede encontrarse en Internet.

El investigador Juan Francisco Maura hace dos observaciones bien interesantes.

En primer lugar sostiene que "Naufragios", publicada doce años antes que "El lazarillo de Tormes", se anticipa en cierto modo a la novela picaresca: "Son varias e importantes las similitudes entre estas obras, tales como la figura del antihéroe, la vida itinerante del protagonista siempre en busca de comida, o el sobrevivir como mozo de muchos amos en el caso del Lázaro y esclavo de muchos indios en el caso de Alvar Núñez". A su vez, "Naufragios" rompe el esquema tanto del "buen salvaje", como del "salvaje sin alma", al mostrar blancos en complejas relaciones de dependencia con los nativos. Los indios de Alvar Núñez no son ni mejores ni peores que los españoles con los que tratan.

La segunda observación de Maura se refiere a las intenciones del autor. "Naufragios" -y otras muchas crónicas similares- serían lo que en el mundo académico anglosajón se conoce como "grant proposal": un documento cuyo fin es obtener fondos. En este caso, mediante la exposición de las virtudes y potenciales del autor para conquistar, colonizar y evangelizar.

Fruto de sus trabajos, el 18 de marzo de 1540, Alvar Núñez Cabeza de Vaca firmó unas capitulaciones por las que el emperador Carlos V lo enviaba al Río de la Plata con el título de Adelantado, Gobernador y Capitán General.

Tenía ya cincuenta y dos años, había ganado cierta gloria en las Indias, pero nula fortuna. El Río de la Plata podría proporcionársela.

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