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Crisis global. El presidente electo de EE.UU. está decidido a acciones a una escala mayor Define un programa de estímulo de US$ 700.000 millones más Sólo China hace un plan de similar magnitud
THE ECONOMIST
El pronóstico parece cada vez más grave. Lo que comenzó hace 15 meses como un ataque de pánico de los mercados se ha convertido en una enfermedad con una lista alarmante de síntomas económicos verdaderos.
Estados Unidos, Gran Bretaña, los países de la eurozona y Japón ya están en una recesión que amenaza ser, en algunos lugares, la peor en 25 años y posiblemente desde la Depresión de la década de los `20. Los consumidores estadounidenses, ante la imposibilidad de solicitar créditos y temerosos por sus empleos, recortan los gastos. Lo mismo hacen las empresas, que tienen escaso flujo financiero y están preocupadas por sus niveles de ventas. La confianza de los empresarios alemanes se encuentra en su nivel más bajo desde hace 15 años. Las exportaciones de Japón caen, tanto a los países ricos como las economías emergentes, en tanto éstas también sufren, a medida que los precios de los commodities se derrumban y los capitales huyen con mayor rapidez que en las crisis que sufrieron esos mismos países hace una década. En algunas naciones -especialmente en Estados Unidos- una voraz espiral deflacionaria, en la que los bancos retiran el crédito y la demanda se contrae, ya dejó de ser inimaginable.
Al ver la amenaza a las funciones vitales de la economía mundial, quienes definen las políticas de los países han estado trabajando horas extras. Las tasas de interés fueron reducidas de manera dramática. Las tasas de Estados Unidos ya bajaron al 1%; las de Gran Bretaña están en el nivel más bajo en los últimos 50 años; y esta semana, el Banco Central de China recortó 108 puntos básicos de su principal tasa. Cientos de miles de millones de dólares han sido canalizados hacia los bancos y los mercados financieros. Muchas instituciones financieras han sido rescatadas. El rescate del otrora poderoso Citigroup es simplemente lo último impensable que ya ocurrió.
Pese a todo, el paciente no ha respondido, en parte, debido a que algunos medicamentos tradicionales, como es el caso de una política monetaria más laxa, han sido debilitados por la crisis crediticia. Asimismo, obedece a que los médicos han estado desconcertados. Basta ver los cambios de postura del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, en cuanto al destino del plan de rescate por US$ 700.000 millones que originalmente iba a ser para recapitalizar bancos o comprar activos en problemas. Asimismo, gran parte de las políticas aplicadas son demasiado tímidas. Detener la declinación económica del mundo requerirá algo mucho más audaz que lo que se ha visto hasta ahora en esta crisis.
Eso significará redoblar los esfuerzos que se hacen en cada una de tres áreas tradicionales de política: fortalecer a los bancos; proveer mayores estímulos fiscales y reducir las tasas de interés. Asimismo, involucra utilizar instrumentos poco ortodoxos, como es el caso de interferir los mercados de crédito, mediante la compra de activos, una ruta en la que la Reserva Federal de Estados Unidos ha mostrado gran creatividad. En efecto, es un augurio de la opción que se intentará aplicar in extremis: emitir dinero para financiar el déficit presupuestal. Esa acción entraña el riesgo de generar inflación, lo que es veneno económico, aunque en los casos de países con alto endeudamiento, es mucho menos mortífera que la deflación.
Afortunadamente, el mundo todavía no se encuentra en esa etapa. Pero, se está acercando. Una persona que parece comprender la necesidad de concretar acciones a una escala más grande es el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama. En las conferencias de prensa que ha ofrecido en las últimas dos semanas, expuso las características del desafío mucho mejor que varios de los líderes que se desempeñan en los gobiernos. Sostuvo que "es una crisis global", que necesita "una respuesta global". Afirmó que la economía se encuentra "atrapada en un círculo vicioso" y requiere una "gran sacudida" para facilitar el flujo de créditos y amortiguar la caída de la demanda privada. Tiene razón.
El punto de partida para muchos de los responsables de fijar las políticas en el mundo, sigue estando en la reducción de las tasas de interés. Los bancos centrales de algunos países ricos, en particular de Gran Bretaña y los países de la zona del euro, todavía tienen margen para reducir las tasas de interés, aunque resulta llamativo cómo hasta reducciones bastante dramáticas no dan resultado como en otros tiempos.
Esta realidad sugiere que hay mucho por ganar en la mayoría de los países si el esfuerzo se concentra más en los bancos. El hecho de que Citigroup, que fue el banco más grande del mundo hasta hace poco tiempo, haya necesitado un urgente rescate durante un fin de semana, fue la prueba del fracaso de las autoridades hasta ahora, sobre todo en Estados Unidos. Por sobre todo, el colapso de Citigroup expuso el peligro de dejar que enormes cantidades de activos de difícil cobro se inflamen en los balances de los bancos.
Bombear capital -como han hecho los gobiernos- es esencial, pero puede resultar insuficiente. La historia de las crisis bancarias manejadas con éxito, como es el caso de la que afectó a Suecia a comienzos de la década de los `90, sugiere que los gobiernos también necesitan remover los activos en dificultades de los balances de los bancos.
MÁS ACCIÓN. Al mirar en perspectiva, se advierte que los gobiernos de los países ricos tendrán que hacer más para ayudar a sus bancos en los dos frentes: la inyección de capital y la compra de activos. Eso significaría reconocer la magnitud del problema: Estados Unidos podría necesitar más que los US$ 350.000 millones que le quedan del fondo de rescate creado a propuesta del Departamento del Tesoro.
Un sistema bancario más estable, eventualmente logrará que el dinero fluya, pero entre tanto, hay otras vías. Intervenir directamente en los mercados de créditos tiene mucho sentido en EE.UU., que depende más que otros países del financiamiento no bancario y donde resulta difícil reducir más las tasas de interés oficiales.
Sin embargo, todos los rescates bancarios, intervenciones de créditos y política monetaria más flexible tendrán solo efectos parciales en el mundo. La parte medular del "sacudón" que quiere dar Obama, como dejó en claro en sus declaraciones, debe ser fiscal. Cuando la demanda privada se rezaga de manera tan aguda, el sector público debe entrar en escena para aumentar el gasto, y con suficiente audacia para hacer la diferencia. En EE.UU., si bien Obama se ha negado a dar una cifra, entre los jefes del Partido Demócrata se habla de un impulso fiscal con un costo de entre US$ 500.000 millones y US$ 700.000 millones, lo que equivale a entre 3% y 5% del PIB.
Hasta el momento, el único otro país que ha reunido sumas a esa escala es China (y su gigantesco programa de estímulo ha sido revisado a la baja a medida que las cifras son verificadas). Parte de la timidez mostrada por la Unión Europea es explicable: sus generosos estados benefactores tienen más "estabilizadores automáticos", como son los subsidios a los trabajadores sin trabajo, para sostener las economías en periodos de recesión que los que tiene Estados Unidos. De cualquier manera, los europeos no han logrado impresionar con su audacia.
El Ministro de Economía de Gran Bretaña anunció hace dos semanas recortes impositivos equivalentes a 1% del PIB, aunque asociado a un plan contraproducente para incrementar el impuesto a la renta de las personas que tienen los mayores ingresos.
La Unión Europea propuso un paquete de reactivación económica, a lo largo de la eurozona, por el equivalente a US$ 258.000 millones, o 1.5% del PIB. El vienes se llegó a un acuerdo en tal sentido en la cumbre de Brusleas. Hubo que vencer la reticencia de Alemania, el país más grande del bloque, cuyo reciente estímulo que aprobó el gobierno, que equivalía a apenas 0,25% del PIB, no trasmite una sensación de urgencia. Finalmente, y presionada por Francia y Gran Bretaña, debió acceder.
Por cierto, no todos los países pueden hacer frente a la misma dosis de estímulo fiscal. Los que dependen del inseguro capital extranjero tienen menos margen para la acción que los países con grandes montos de ahorro doméstico. Una actitud demasiado cauta hace correr el riesgo de que el mundo siga deslizándose por la espiral deflacionaria. Llegó el momento de seguir el liderazgo de Obama para dar un sacudón y lograr que el paciente vuelva a la vida activa.
3%-5% Equivalente al PIB de EE.UU. que, según trascendidos, pretende dar Barack Obama de impulso fiscal a la economía nacional.
2% Contracción de la economía británica para el próximo año, de acuerdo con el Instituto Global Insight, en un informe el miércoles.
586 mil Millones de dólares que anunció el gobierno chino en noviembre en un plan de estímulo a la economía, sobre todo en obras.
200 mil Millones de euros (unos 258 mil millones de dólares) que propuso la Comisión Europea como impulso fiscal; el 1,5% del PIB.
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| Foto: AP. |
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