|
||||||||
JORGE ABBONDANZA
A comienzos de los años 30 había miles de carpas alrededor de Los Angeles. Eran los campamentos armados por chacareros que llegaban del Medio Oeste, arruinados por la Gran Depresión y expulsados de sus tierras. Esas tolderías se codeaban con los estudios de cine, donde Hollywood seguía fabricando pasatiempos para distraer a los afectados por el desastre económico, como si el hambre de los refugiados estuviera a cien kilómetros y no a la vuelta de la esquina. Todo ello era reflejo de la caída de la bolsa que había sacudido al mundo en octubre de 1929, inaugurando una década de desempleo y privaciones.
Setenta y nueve años después de aquel colapso, Wall Street ha vuelto a estornudar, con lo cual se ha resfriado buena parte del planeta. Nadie lo creía hasta que el cataclismo estuvo delante de su nariz. Y así los pobres países emergentes también serán víctimas de las turbulencias financieras de los ricos, lo cual resulta una enorme injusticia además de ser un contagio inevitable. El Uruguay ha empezado a poner cara larga ante el cierre gradual de los mercados donde colocaba sus productos y está conociendo las primeras listas de personal que marcha al seguro de paro o al desempleo ante el ritmo declinante de algunas actividades. Por el momento, empero, es mucho más violenta la crisis en los países desarrollados, no sólo porque en Estados Unidos ya se han perdido más de medio millón de empleos por el hundimiento de las hipotecas de alto riesgo y el derrumbe de los valores inmobiliarios, sino además porque en Europa los síntomas de la recesión parecen abrumadores.
En España, por ejemplo, 256.000 personas han quedado sin trabajo en una paralizada industria de la construcción, mientras la inflación sube del 2% al 5% en el último año, la desocupación trepa al 12% (la más alta de Europa) y el tercer trimestre de 2008 cierra con una retracción de la economía, por primera vez desde hace 15 años. Como consecuencia de la incertidumbre colectiva, desciende marcadamente el consumo de bienes y servicios, un cuadro agravado por "el fuerte endeudamiento de las familias españolas y el endurecimiento de las condiciones para obtener créditos bancarios". Como enseñan los especialistas, una recesión económica se produce con dos trimestres consecutivos que muestren signos negativos en el crecimiento. A ese punto ya llegaron Irlanda y Dinamarca, pero las seguirán España, Reino Unido, Francia y Alemania.
El Banco de España informa que "la pérdida de puestos de trabajo se intensificará en el futuro inmediato". En la península hay 180.000 familias que pueden perder sus viviendas en los próximos dieciocho meses, existen 8.500.000 personas en situación de pobreza relativa y 1.500.000 en estado de pobreza severa, viviendo con menos de 280 euros al mes, según señala El País de Madrid. Es irónico que Estados Unidos encabece esa crisis internacional, porque sus empresas financieras necesitaron que el Estado les inyectara 700.000 millones de dólares para no hundirse, pero otro tanto ya se había despilfarrado en la guerra de Irak. ¿Volverán las carpas?
| « volver |
El presidente Tabaré Vázquez dio ayer un envión decisivo a su reelección. Y tuvo la reacción inmediata de José Mujica, dolorido ...
El senador de a Corriente de Acción y Pensamiento Libertad (CAP – L) Eleuterio Fernández Huidobro declaró que "está claro que ...
El dueño de un restaurante de La Blanqueada pasó la noche preso y el joven de 19 años que lo asaltó y recibió un disparo en el ...
Aquellas preguntas surgidas apenas concretada la derrota ante Liverpool tuvieron respuesta ayer de mañana. Los cambios que se ...
Barack Obama rompió las barreras raciales, lógicas y probabilísticas en su gesta hacia la Presidencia, rehaciendo al mismo tiempo ...