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Martes 04.11.2008, 01:09 hs l Montevideo, Uruguay
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HERENCIA

Enormes desafíos para sucesor de Bush

Obama o McCain deberán lidiar con dos guerras, una crisis financiera de repercusión mundial y una imagen internacional golpeada Irán y Rusia serán dos problemas.

Dos guerras, una crisis financiera sin final a la vista, indicadores sociales en baja, tanto como la imagen exterior del país. Este es el legado del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a su sucesor.

El diario The New York Times lo explicó con más crudeza: "Estados Unidos está maltrecho y a la deriva después de ocho años del fallido liderazgo del presidente Bush". Los números sustentan esa hipótesis; las actitudes de los candidatos la reflejan. El demócrata Barack Obama se presenta como el "cambio"; el republicano John McCain, a veces con una crudeza inusitada para con un "correligionario", ha hecho lo imposible para alejarse del salvavidas de plomo que representa esta Presidencia para sus fines electorales.

De acuerdo con casi todos los analistas, quien asuma el 20 de enero tendrá como desafíos lidiar con los impactos de la actual crisis, restaurar la moral de su población -el índice de confianza de los consumidores, todo un indicador del estado de ánimo de los estadounidenses, descendió el mes pasado hasta los 38 puntos, el más bajo de su historia-, y reparar la dañada "autoridad moral" de Estados Unidos con el resto del mundo, tras años de unilateralismo.

Eso ya sería restrictivo para cualquiera. Pero además, el futuro presidente tendrá que lidiar con las guerras de Irak y Afganistán, las pretensiones nucleares de Irán, la pendular conducta de Corea del Norte, las nostalgias de Guerra Fría de Rusia y el recrudecimiento de la violencia en Pakistán. Ya es un hecho que deberá monitorear el proceso de paz de Annapolis entre israelíes y palestinos (pensar en que se llegará a un acuerdo antes del fin del mandato de Bush es un delirio). Los líderes de Al Qaeda siguen prófugos. América Latina fue prácticamente olvidada en estos ocho años. Y nada hace pensar en que eso cambie.

El presidente del Council on Foreign Relations, Richard Haass, enumeró en la revista Newsweek las diferencias entre el país que recibió Bush y el que deja. En enero de 2001 había una relativa paz, el barril de petróleo estaba a 23 dólares, el PIB estadounidense subía al 3% anual y la deuda nacional estaba en menos de seis billones de dólares. La divisa estaba fuerte, equivalía a 116 yenes. En cambio, Haass señala que a partir del 20 de enero, el próximo mandatario tendrá no solo las guerras (con el consiguiente cansancio de las Fuerzas Armadas), sino un barril de petróleo hoy a unos US$ 60 (y ha alcanzado los US$ 150) y una deuda nacional de 10,6 billones de dólares. ¿El dólar? Más débil. Haass eligió compararlo con el yen japonés, y hoy la relación es de 1 a 95.

De acuerdo con la agencia Bloomberg, Bill Clinton le entregó a George W. Bush un superávit fiscal de 127 mil millones de dólares. El diario The Washington Post ya confirmó que el déficit para el final de este año -el último de la era Bush- superará los US$ 454.800 millones.

En rojo. Mirando para adentro, los números están en rojo vivo. Se ha repetido como axioma que la más afectada por la crisis financiera ha sido la clase media, el tradicional motor del país consistente en 150 millones de personas (la mitad de la población del país) que compran, gastan y se endeudan. Pero no es algo exclusivo del último tiempo. Lisa Donner, directora del programa contra la pobreza del Centro para el Progreso Norteamericano, dijo al diario argentino La Nación que el ingreso medio ha caído 324 dólares desde 2000, año en que Bush fue electo por primera vez. Entre ese año y 2007, la población con cobertura médica bajó un 17% y la pobreza creció en un 18%.

Además del ya mencionado bajón histórico en el índice de confianza de los consumidores, hubo otros aspectos que golpearon la sensibilidad nacional. Al desastre natural causado por el huracán Katrina en Nueva Orleán, le siguió el desastre humano de la tardía reacción gubernamental; eso caló hondo en la población. Este año, hubo un intento de redimirse con "la madre de todas las tormentas" también en esa misma ciudad, el huracán Gustav. El sistema de contingencia previa fue mucho más aceitado, pero el meteoro fue considerablemente menos impactante.

Uno de los elementos en que los distintos analistas coinciden es que el próximo presidente deberá tomar medidas en pos de una reforma energética. En su "Estado de la Unión" 2006, Bush alertó que su país es "adicto al petróleo". Nada cambió. EE.UU. importa US$ 20.730 millones al día en crudo. Otra tarea delegada a su sucesor: buscar fuentes alternativas de energía o seguir dependiendo de las subas y bajas del mercado mundial, y enfrentar otro posible colapso. Lo mismo pasa con la cuestión del cambio climático, ignorada olímpicamente por el actual inquilino de la Casa Blanca, a pesar de que EE.UU. es el principal contaminante mundial. A tal punto fue perjudicial en el exterior e interior esta situación, que "su" candidato McCain se ha cansado de decir que está en contra del presidente en ese aspecto (y en las violaciones a los derechos humanos en Guantánamo, y en las torturas en Abu Ghraib...).

no más solos. La acción unilateralista que propuso Bush, sobre todo en su primer mandato desoyendo y despreciando a las Naciones Unidas, los crueles casos de las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo, los vuelos secretos y los barcos prisiones de la CIA en aguas internacionales, las torturas, el eje del mal, y un largo etcétera son factores que minaron la imagen e influencia estadounidense dentro y -sobre todo- fuera de fronteras.

La guerra en Irak lleva más de cinco años. Le costó la vida a casi 4.200 soldados estadounidenses y 600 mil millones de dólares a los contribuyentes (el Nobel de Economía Joseph Stiglitz prefiere llamarla como la "Guerra de los Tres Billones de Dólares"). Nunca se detectaron vínculos del régimen de Saddam Hussein con el "11-S". La guerra en Afganistán ahora volvió a ser el punto más difícil de la "Guerra contra el Terror". Irán emerge como una nueva preocupación nuclear. El Talibán se extendió a Pakistán. Osama Bin Laden, el hombre y el nombre que marcó a fuego estos años de gobierno, sigue prófugo.

Es posible que hoy Estados Unidos esté más blindado contra un ataque terrorista que hace siete años. También es cierto que no está a salvo de un nuevo gaffe fatal de la CIA, como los que han ocurrido no pocas veces en la historia. De todas maneras, el candidato demócrata Obama habló sin tapujos sobre este tema en uno de los debates: "Hay que preguntarse cómo quedó la autoridad moral de EE.UU. en el mundo luego de estos últimos ocho años". Haass fue por lo mismo en Newsweek: "La capacidad del país de decirle a otros lo que deben hacer, o persuadirlos mediante el ejemplo, está muy disminuida".

Apostar al multilateralismo, buscar consensos y convencer al resto del mundo que esa es la postura oficial de Washington, tras años de desoír a los organismos internacionales (con la ONU a la cabeza), será uno de los mayores desafíos del próximo presidente. Ya sea Obama con su política priorizando el diálogo y buscando un retiro de las tropas de Irak para enfocarlas en Afganistán, ya sea McCain clamando por un regreso con "victoria y honor" de sus soldados.

Al sur. El 25 de agosto de 2000, en Miami, el entonces candidato republicano Bush adelantó una de las columnas de su gestión: "Mirare hacia el sur… como un compromiso fundamental de mi Presidencia". El "11-S" trastocó cualquier buena intención hacia América Latina. El proyecto del ALCA se frustró; apenas se firmaron TLCs con Chile, Perú y América Central. En 2007, en un intento por recuperar tiempo perdido, Bush realizó una gira por algunos países latinoamericanos, caso Uruguay (con el arándano como insospechado protagonista). Muy tarde. Un reciente sondeo de Gallup refleja que en ningún país de la región, ni siquiera en Colombia, el mayor aliado regional de Washington, se desea el triunfo de McCain.

El endurecimiento de las políticas de inmigración generó un incremento de los llamados "grupos de odio". En el año 2000, de acuerdo con el Southern Poverty Law Center, había 602 de estas organizaciones racistas y violentas detectadas en el país. Para marzo de 2008, ese número había aumentado a 888.

Obama propone más inversiones estadounidenses en la región; McCain sigue apostando con los TLC. Lo más probable, adelantan los expertos, es que con semejante crisis que atender, el futuro presidente le dé la misma atención a América Latina que el saliente: entre muy poca y nada.

La era Bush está a casi tres meses de terminar. Quien gane en las elecciones de pasado mañana deberá hacerse cargo de una nueva definición de "herencia maldita".

El País Digital

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