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MARCELLO FIGUEREDO
Hay gente que siempre se las ingenia para pasarla bien. Ferran Adrià, el Papa de la cocina molecular, es uno de ellos. Por si no tienen el gusto de conocerlo, les resumo de quién se trata: el hombre regentea el restaurante más famoso, premiado (y uno de los más caros) del mundo. Se llama El Bulli, queda en la Costa Brava catalana y la gente paga una pequeña fortuna (unos 200 euros, según leo aquí y allá) para probar sus platos de vanguardia, que prometen excitar todos los sentidos barriendo las fronteras entre gastronomía, arte y ciencia. El delicioso escritor español Manuel Vicent, que en lo personal me cae mucho mejor que Adrià, dice que éste se especializa en partir de la abundancia para llegar a la nada, y ha definido ese tipo de cocina como comida para desdentados; pero en todo caso, El Bulli no deja de cosechar aplausos y ya tiene las reservas colmadas para todo 2009.
Lo que quiero contarles es que Adriaha participado esta semana en España del Salón del Club Millésime (un evento de lujo que reúne a gastrónomos y otros empresarios), y ha expuesto allí sus recetas para que la creatividad contribuya a espantar la crisis. Comparando la cocina con la alta costura, ha sostenido que tal y como están las cosas sólo unos cuantos restaurantes de renombre se sostendrán en lo alto de la pirámide, y que abrir pequeños locales de tapas (que de ahora en más podríamos llamar cocina prêt aporter) sería un interesante negocio paralelo que permitiría a los cocineros mantener abiertos sus grandes templos. Nada de ahorro pues, sino coraje y expansión para sacar a las empresas de su letargo, dice el aclamado chef. Semejantes dosis de ingenio fueron acompañadas por bocaditos de diseño y regadas por ríos del champagne más caro del mundo (tomen nota: Belle Epoque By&For, de la bodega francesa Perrier Jouët), para que quedara claro que nadie está dispuesto a achicarse.
Otro que piensa seguir pasándola bomba a pesar de la crisis es el hermano del Papa (ahora no me refiero a Adriael molecular, sino a Benedicto el antisecular). Para las 85 primaveras que Dios mediante festejará en enero, Georg Ratzinger planea viajar al Vaticano, junto a 127 compatriotas, y celebrar con un gran concierto en la mismísima Capilla Sixtina. Parece que tanto los protestantes como los católicos alemanes, que destinan cerca de un nueve por ciento de sus impuestos para el mantenimiento de iglesias y parroquias, pusieron el grito en el cielo; pero desoyendo las críticas, el obispo de Ratisbona, Gerhard Müller, aprobó los 100 mil euros que demandará el viaje a Italia de los 90 coreutas y los 37 músicos. Jakob Schotz, vocero de la diócesis donde nacieron los hermanos Ratzinger, ha declarado al semanario alemán Focus que ese dinero es más bien un préstamo, puesto que los organizadores esperan que la propia celebración sirva para recuperar lo invertido: planean editar un CD y un DVD del concierto y luego ponerlos a la venta.
Con gente tan refinada y talentosa para los negocios no veo que el capitalismo tenga de qué asustarse. Buen apetito. Y amén.
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