Se subleva el gobierno

El ejercicio del gobierno influyó para que en el Frente Amplio cambiara muchas concepciones que se repuntaban sacrosantas cuando se militaba en la oposición. Ese baño de realismo diluyó utopías y obligó a "taconear sobre el planeta", según la expresión de un viejo profesor que incitaba a sus alumnos a no andar por las nubes sino a oír y respetar los datos suministrados por la cruda naturaleza de las cosas. Por consiguiente, dentro de la izquierda frenteamplista se produjo una escisión conceptual y metodológica. Unos pretendieron adaptarse a los tiempos corrientes; otros, retornaron al pasado sesentista y a los parámetros de la guerra fría. Los primeros, pretendieron solucionar los problemas del siglo XXI con instrumentos y métodos adecuados al momento histórico que se está viviendo, sin dejar de ser fieles a los lineamientos generales de su ideología.

Los segundos, en cambio, se cristalizaron en el pasado. Para ellos, nada cambió y, por tanto, sus ideas tampoco. Seguirán hablando de oligarquías, de lucha de clase, de odios y de rencores. Es entonces que una pregunta acuciante preocupa a la ciudadanía uruguaya: ¿quién gobierna en este país?

La interrogante sería rápidamente evacuada acudiendo a los mandatos constitucionales y a las normas legales que regulan nuestra existencia como nación: nuestro país es una democracia republicana y laica, su gobierno es representativo y rige la separación de Poderes. En la práctica, no obstante, hay quienes manifiestan importantes reservas. Por ejemplo, el Poder Ejecutivo, ¿tiene unidad de criterio? ¿Qué criterio prevalece? El Poder Legislativo, a su vez, y refiriéndonos a la bancada oficialista, absolutamente mayoritaria, ¿obra como un conjunto armónico o disociado? El politizado sindicalismo, ¿a quién obedece? ¿Y los comités de base? En definidas cuentas, ¿quién gobierna realmente?

La impresión que predomina es que todos estos agentes gobiernan, en mayor o menor grado, según las circunstancias y asuntos a tratar. Pero también es evidente que las notorias discrepancias existentes en el partido ungido por las elecciones del 2004, y en sus apoyos de todo tipo, hacen que todos estén sublevados contra todos. Para un observador ajeno a esta realidad, el mismísimo gobierno se ha sublevado contra sí mismo. El último Congreso del Frente Amplio puso de relieve esas diferencias y las acentuó aún más.

Recordemos que el Dr. Vázquez, en su momento, había prometido hacer temblar hasta a las raíces de los árboles. Todos esperaban de él, pues, no una reforma sin una revolución radical, que no se produjo. De ahí que el Congreso le haya acusado de no respetar su compromiso. Por ello, propone una reestructuración de nuestra sociedad, lo cual significa -por alusiones muy concretas- una vuelta al leninismo ortodoxo: regularización de la actividad privada, control de precios, creación de un frigorífico nacional cárnico y otro pesquero, recuperación de tierras en manos extranjeras, eliminación de la tendencia al lucro de las Afap, etc. Un leninismo que, con seguridad, alfombrará el camino hacia el estalinismo totalitario. El Congreso reafirma esta tendencia mediante sus ajadas consignas, su devoción por la revolución cubana, su mancomunión con el régimen de Chávez y su incansable sonsonete de lucha antiimperialista. (sólo contra los yanquis, por supuesto).

Pero hay y hubo mucho más. El Presidente anuncia que vetará una eventual ley que despenalice el aborto. Se aprueba la ley y él la veta. Se arma la de San Quintín y el Presidente renuncia al Partido Socialista. Era hora: tiempo atrás, cuando el socialista Gargano era su canciller, se había opuesto al TLC con EE.UU., contrariando la voluntad expresa del Presidente.

Queda por destacar la frutilla de la torta del Congreso. Aparece cuando, a pesar de que el Presidente patrocina la fórmula Astori-Mujica, la aceitada maquinaria del MPP y del Partido Comunista logra un aplastante triunfo de Mujica al ser designado candidato presidencial oficialista mientras Astori queda relegado a un modestísimo tercer lugar en la lista de cinco aspirantes. La ciudadanía contempla atónita este monumental ejemplo de incoherencia política y partidaria , por su generalidad e intensidad.

Todos se han sublevado contra todos. Se sublevan los que mandan, los que tienen la sartén por el mango, aunque no saben qué hacer con ella.

¿Sobrevivirán?

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