MILÁN | ANSA
Sólo siete minutos de aplausos y una lluvia de abucheos marcaron la inauguración de la temporada del teatro Alla Scala de Milán con Don Carlo de Verdi, la noche del domingo en la tradicional fiesta de San Ambrosio, patrono de la ciudad.
Una reacción negativa cayó desde el piso superior del teatro, refugio de los melómanos pero también de todo aquel que quiera expresar sonoramente su protesta contra puesta en escena, cantantes o dirección orquestal. Blanco de la protesta fueron el regisseur y escenógrafo Stéphane Braunschweig, por una puesta y unos decorados de un minimalismo extremo y, sobre todo, el director Daniele Gatti, que por primera vez dirigía una inauguración escalígera.
Gatti decidió a último momento el reemplazo del Don Carlos titular, Giuseppe Filianoti, por el protagonista del segundo reparto, el norteamericano Stuart Neill.
Algunos aseguraron luego que el abucheo fue orquestado por los seguidores del tenor italiano, que protestaban directamente contra Gatti, pero esa versión contrasta con el aplauso casi unánime a Neill, alabado por su voz y su fraseo pero no por su aspecto, que recuerda el de un juvenil Luciano Pavarotti.
De todas maneras, la velada de San Ambrosio con la que Milán abre tradicionalmente su año de ópera transcurrió a la sombra de una crisis económica que afecta sobre todo a la alta burguesía, que constituye el grueso de su público.
Pero la silbatina contra Gatti arruinó la fiesta escalígera. El director milanés, 47 años recién cumplidos, es una de las más prestigiosas batutas italianas, desempeñándose desde 1996 como director estable de la Royal Philharmonic de Londres y amado por las principales orquestas europeas.
Escondiendo un evidente nerviosismo por el abucheo que lo persiguió durante los cuatro actos de la ópera, Gatti se declaró satisfecho de la velada y defendió su decisión de reemplazar a Filianoti.