Víctor Hugo Morales
Ni Boca, ni River, pueden desplazar hoy la impresión de grandeza que Vélez proyecta sobre el fútbol argentino.
Ciertos análisis perderían sentido si Vélez no existiese tal como es desde hace años. Los analistas tienen un ideal a partir del cual construyen el discurso. Si no hay ejemplos de esas aspiraciones, el hombre de pensamiento fracasa porque es indemostrable que la cima esté al alcance.
Vélez ganó en la semana 3 partidos que le permiten a su plantel "fatto in casa" tener la mejor actuación en la Libertadores y estar al acecho en el Clausura. Banfield, Universitario y Colón, cayeron frente a un equipo que le costó al club, en cuanto a compras, cero peso. Si los campeonatos se definiesen en la valoración de partidos ganados y su costo, Vélez estaría mil puntos arriba.
Colón fue totalmente dominado por el fútbol inteligente y siempre equilibrado de un equipo que despliega su sabiduría, con frialdad de jugador de póker, en cualquier escenario. Castromán fue líder de una escuadra que combina, como un verdadero seductor, la audacia con el recato. Los demás, especialmente Somoza y Gracián, sostuvieron la ruta velezana.
Con Ñulls, River y Boca, se ha consolidado la cuarteta fugitiva. Quienes aman el ciclismo saben que en algún momento, la carrera se parte en tres. Los punteros rumbo al embalaje final, el pelotón principal, y los rezagados. Los equipos con dinero o deudas, y Vélez, sin ninguna de esas facultades, han tomado la curva con un envión que amenaza poner aún más distancia entre ellos y ese compacto grupo de mediocres de la mitad de la tabla.