Banco Central

Cómo es posible, que en plena incertidumbre, con una crisis financiera global, el Banco Central del Uruguay se encuentre acéfalo, sin su directorio integrado, es la pregunta que en estos días se repite, frente a lo escandaloso de la situación.

La respuesta para esa interrogante no es para nada tranquilizadora, ya que este episodio revela que las luchas internas, no exentas de tintes ideológicos y las cuestiones políticas, son las que predominan en este gobierno y en su partido. Por un lado, se observa la pulseada entre un grupo del F.A, la 609 de Mujica, junto con el Partido Comunista, por boca del senador Lorier, decididos a torcerle el brazo a Astori (adversario por la candidatura) y al propio Presidente (reelección), negándose a votar la venia, en especial la de uno de los directores propuestos por el Ejecutivo y con el seguro visto bueno del ex ministro.

Por otra parte, la Reforma Orgánica del Banco Central condice con lo que estamos viendo, porque la ley que recientemente fuera sancionada con los votos de la mayoría gobernante, demuestra que el interés no estuvo puesto en darle autonomía al Central, para que pueda actuar profesionalmente, sin estar sujeto a los vaivenes políticos y a los gobiernos de turno, sino que por el contrario, le aumenta su dependencia del Ministerio de Economía y por ende, del poder político. Por lo tanto, no nos debería extrañar el penoso espectáculo que se está dando, puesto que como lo decía aquella frase de Clinton, con una ligera variación en este caso; "es la política estúpido".

La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central trae como ¡gran mejoría!, un directorio ampliado de tres a cinco miembros, que por supuesto significará incremento de los gastos. A su vez los directores, en lugar de permanecer en su cargo por un plazo más largo que el de los períodos de gobierno, como forma de darles mayor independencia, de acuerdo con la orientación mundial, para estar menos expuestos a decisiones políticas motivadas por urgencias de corto plazo que a la larga pueden tener malas consecuencias económicas, lo que se ha hecho es unir su mandato con el plazo del gobierno. Tampoco se estableció la incompatibilidad de esas funciones con cargos electivos, como figuraba en el primer proyecto que fue retocado para llevarlo de mal a peor.

Como si esto fuera poco, crearon un Comité de Coordinación Macroeconómica, cuyos integrantes serán nombrados y dependerán del Ministerio de Economía y si hay discrepancias profundas entre el gobierno y el Banco Central, la que habrá de prevalecer, es la posición del Poder Ejecutivo. Con lo que el Uruguay ha ingresado un paso más adentro, en la filosofía ideologizada y centralizadora, presente en esta Administración, perceptible de manera estridente o de forma menos visible, según las ocasiones.

Pero a pesar de todo lo dicho, es imperioso que el B.C. opere en forma normal, con sus Directores y Presidente en funciones, y máxime cuando el planeta está siendo sacudido por un terremoto financiero de máximo nivel. Todos los días hay que tomar decisiones. Hay que firmar resoluciones, optar sobre recompra de letras de tesorería, respecto de emisión de las mismas, sobre el manejo de la deuda. El Central es el que determina las tasas de interés que cobran los bancos, es el encargado de la supervisión de estas instituciones, es el que determina las políticas de endeudamiento, (los bonos bajaron 15%), la monetaria, el tipo de cambio. Quienes dan estas directivas, deben ser aquellos que están facultados oficialmente y quienes pueden ser llamados a responsabilidad. De no ser así, se está ante una gran falta de seriedad .

Las razones, envueltas en declamaciones sobre "la independencia del Senado" (dixit Mujica), que han impedido la integración del directorio de la institución, son doblemente censurables, del momento que la persona a quien han puesto de blanco de su ofensiva, es un técnico sobre el cual no hay dos opiniones sobre su idoneidad para el puesto. El Economista Umberto Della Mea, es un hombre experimentado en la materia, que ha estado involucrado en las emisiones, que ha representado al Uruguay en las renegociaciones de la deuda, que es reconocido internacionalmente, que tiene un PHD en la Universidad de Lovaina, dirige un curso en la Facultad de Economía. Sin embargo, nada de esto parece importarles a los Couriel, Fernández Huidobro etc. y sí las sospechas. El "indeseable" es acusado de sesgos "neoliberales".

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