FERNANDO MANFREDI
En una exhibición muy festejada por el público, el Carolina Ballet Theatre se presentó en el teatro Solís con un espectáculo que colmó las expectativas del público y que continuará mostrando en Rivera y Paysandú.
No es la primera vez que la agrupación estadounidense actúa en nuestro principal escenario, pero antes lo había hecho integrando diversas galas de ballet y con uno o dos números. En esta oportunidad trajo un espectáculo completo, englobado en el título Beyond borders (Más allá de las fronteras), que resultó una muestra acabada de las líneas estéticas que marcan el derrotero del conjunto, orientado desde hace ya bastante tiempo por el argentino Hernán Justo. La agrupación de bailarines se presentará además mañana en Rivera y el lunes en Paysandú.
Beyond borders tiene tres partes. Pulling the Strings en la primera, Dúo para uno y la Suite Who cares?, en la segunda y Tangofusión en la tercera. La calidad de los trabajos, también sigue la progresión ordenada de las obras. El correcto aunque un tanto errático Pulling de string, con música de Jimmy Hendrix, Stevie Ray Vaughan y John Mayer (quien las interpreta en su guitarra), resultó un pulido ejercicio físico donde destacó Larissa Koffskey en el segundo movimiento.
El vuelo creativo se empezó a manifestar en forma más contundente en Dúo para uno con un impecable trabajo de la pareja integrada por Josha Spigner y Matthew Harvey, el joven bailarín negro de la compañía con muy buenas condiciones técnicas.
La segunda parte se completó con la deliciosa Suite Who cares? de George Balanchine sobre música de George Gershwin. Balanchine es una gran figura del ballet de los últimos años, su coreografía tiene clase y se apoya en los fundamentos del ballet clásico, pero dejando ingresar en él estilos y tendencias de neto corte popular, donde se destacaron Anita Pacilowski, que realmente encendió al público y Samuel Chester, que imprimió elegancia y gracia a su solo de Liza .
Sin embargo todavía faltaba lo mejor en un espectáculo bastante extenso y verdadero "tour de force" para un nucleamiento de danzarines que no superan la decena pero que literalmente se multiplican. Se trataba de Tangofusión, una coreografía de Justo en 5 números y que es una obra realmente disfrutable con grandes momentos para todo el cuerpo de baile. Los números, tango grupales como individuales, hacen gala de una creatividad pero también de una ambición estética de alto vuelo. Sin caer en la mera copia de las especies folclóricas empleadas, Justo logra una estilización de los movimientos, sin perder el aire de espontaneidad que domina toda esta parte.