No hay lugar para el reproche

EDWARD PIÑÓN

Para que un cuadro de fútbol esté bien dirigido precisa un entrenador de decisión firme y directivos que respalden al conductor.

Con los lineamientos claros sobre quién tiene la voz de mando, no hay lugar a otra interpretación: el técnico decide y los jugadores acatan.

Al que no lo haga o esté en desacuerdo con la forma de trabajo del líder del equipo, es innegable que se le cierran las puertas en la nariz. No tiene vuelta, es la cadena de mando. Es así y está bien que lo sea.

Esto sucede hoy en Nacional con la decisión de Gerardo Pelusso de no darle a Alexis Viera otra vez la titularidad del arco tras su recuperación física. El DT eligió y, sin perjuicio de lo que se piense de cuál es mejor o peor, lo pusieron para eso.

Viera reclamó públicamente y se equivocó. El equipo es de todos, de un grupo y no de un solo jugador. Si el técnico entendió que Burián debe seguir en la oncena no tiene lugar al reproche, por el contrario tiene que mostrarle en los entrenamientos que la decisión no fue la correcta.

Por otra parte, si se analiza lo que pasó en el partido anterior, hay que concluir que Pelusso procedió con coherencia. ¿Por qué? Porque Diego Arismendi volvió de la selección uruguaya y Pelusso no movió del equipo a Roberto Brum y Óscar Morales.

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