El ejército congoleño dijo que las fuerzas de Ruanda cruzaron la frontera y atacaron ayer a sus soldados en respaldo de la insurgencia que protagoniza la minoría tutsi, mientras miles de refugiados se encontraban a pocos kilómetros del lugar intentado huir.
El vocero militar del gobierno ruandés, encabezado por tutsis, negó de inmediato esas versiones.
El cañoneo asustó a decenas de miles de refugiados y agitó el sentimiento anti tutsi en una región donde décadas de conflicto con la mayoría hutu alcanzaron un clímax violento en 1994, con el genocidio de Ruanda. Entre medio millón y un millón de tutsis fueron asesinados en 100 días. Todo eso ante los ojos cerrados de la comunidad internacional.
"Son los `narices largas` de Ruanda los que nos cañonean, los tutsi de Ruanda``, comentó el agricultor refugiado Gaspar Sebigore.
Los altos y estilizados tutsi eran la aristocracia de la región y dominaban a los hutu, generalmente más bajos y rechonchos, con rostros chatos. Tras el genocidio, más de un millón de hutus huyeron del avance victorioso de los tutsi en Ruanda y se asentaron en el Congo.
HORROR. Lo cierto es que la atención de los ruandeses por lo que ocurre en el Este del Congo va más allá de los intereses políticos o comerciales. En la pequeña iglesia de Ntarama, muy cerca de la ciudad de Kigali, aún pueden observarse los restos óseos y las vestimentas de 5.000 personas que los hutus radicales pasaron a filo de machete en 1994 sin distinción de edad o sexo. Muchos actores de ese genocidio, huyeron al Este de Congo, alguno de los cuales se enfrentan a Nkuda.
Desde los memoriales del genocidio en la "segura" y limpia ciudad ruandesa de Kigali es fácil entender la atención de los habitantes de este país hacia lo que ocurre al otro lado de su frontera, porque el pasado les vuelve con fuerza por el horror. AP y EL PAÍS DE MADRID