La fuga el pasado domingo de uno de los más antiguos rehenes políticos en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Óscar Tulio Lizcano, fue otro duro golpe a la organización narcoterrorista y parece confirmar los pronósticos de que va en camino inexorable a su derrota.
Con el escape de Lizcano, las FARC han perdido desde comienzos de 2007 a 24 de sus 50 rehenes en condiciones de canjeables y es la primera vez que un rehén logra escapar de su cautiverio en compañía -nada menos- de su carcelero, Wilson Bueno Largo, alias "Izaza". Este detalle pone de manifiesto una vez más las enormes dificultades internas que enfrentan los terroristas para controlar a sus hombres. Con el ejército colombiano pisándoles los talones, las FARC han recibido duros golpes y sufrido todo tipo de deserciones en los últimos tiempos.
Al fallecimiento de su fundador. Manuel "Tirofijo" Marulanda, ocurrida en marzo a raíz de un infarto, se sumó la muerte de su número dos, Raúl Reyes en un operativo relámpago del ejército y posteriormente la de Iván Ríos. Éste fue asesinado por su lugarteniente, conocido por su alias de "Rojas", para cobrar la recompensa que se ofrecía.
Poco después, en el marco de la operación "Jaque", fue liberada la rehén más valiosa de las FARC, la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt junto a tres ciudadanos estadounidenses.
"Izaza" fue muy claro ayer en sus declaraciones cuando hizo mención a los motivos de su deserción. "El cerco del Ejército", dijo, impidió que llegaran alimentos y medicinas. A ello se sumó el amor por su compañera, una guerrillera conocida como "Yurani", que hace seis meses también abandonó la guerrilla.
Sobre las FARC fue categórico: "es un grupo muy reducido, sin orientación política que va a desaparecer, con una guerrilleros sin moral y una descomposición interna".
Estas apreciaciones de "Izaza" son compartidas por los analistas que ven a las FARC en cuenta regresiva. Cabe esperar que sea cierto y que Colombia pueda, de una vez por todas, liberarse del pesado yugo, del temor y la muerte que significa la narcoguerrilla. El pueblo colombiano se lo merece.