La vida de una Barbie de verdad

MATÍAS CASTRO

Semanas atrás mi mujer me dijo que se me estaban marcando ciertas arrugas de expresión junto a los ojos. Estábamos caminando al sol y yo entrecerraba los ojos para disminuir el resplandor, por eso salió el tema de las arrugas. No me preocupa en especial tener esas arrugas, casi todo el mundo las tiene. Y por otra parte, tampoco se me notan demasiado (por ahora).

Pero hay gente que se preocupa de verdad por el asunto. Es la gente que aparece a diario en esta página y en esta columna. Son aquellos que viven de su imagen, unos con obsesión y otros nada más que con cierto cuidado. No siempre el arreglo pasa por tener un buen iluminador en las sesiones de fotos, un gran maquillador que disimule ciertas imperfecciones de la piel, o un artista del retoque digital que trabaje delicadamente las fotografías.

El cirujano es un gran amigo de muchas de estas figuras. Y en muchas ocasiones, es un amigo interesado. Ayer supe de la historia de Sarah Burge, una británica de 49 años que se practicó más de cien cirugías estéticas. Esta ex conejita de Playboy ya lleva gastados más de un millón de dólares en estos asuntos.

Esta "Barbie de la vida real", tal como ella misma se presenta, anunció que gastará 500 mil dólares para festejar su cumpleaños 50. Se presenta como un verdadero ejemplo de vida, orgullosa de haber gastado 60 mil dólares en mejorar su trasero y no haberse podido sentar durante semanas (literalmente lo cuenta así). Explica que su vida era ordinaria: deudas, matrimonio agotado, luchas cotidianas, rutina demoledora... hasta que decidió cambiar y convertirse en lo que es. A mi juicio es un esperpento que intenta hacer buenos negocios, pero puedo entender que haya gente que la considera un modelo de vida. Tal vez sea yo el que esté mal al no darle importancia a mis arrugas de expresión.

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