Confesiones

JUAN ORIBE STEMMER

El tsunami financiero en Estados Unidos ha arrastrado consigo a los demás países desarrollados y se ha convertido en una recesión en gran escala que afecta a todos.

Los Estados Unidos aplican un programa de salvataje de su sistema financiero que puede llegar hasta los 7.000 billones de dólares y que incluye la compra de acciones de bancos. La OPEP recorta su producción para frenar la caída del precio del vital oro negro. Renault cerrará parcialmente la mayoría de sus plantas en Francia. En la Gran Bretaña -que ha actuado con gran habilidad para capear el temporal- el nuevo ministro para la City, Lord Myners, comunicó que se establecerá una nueva agencia para supervisar la inversión de 37 billones de libras esterlinas invertidos por el gobierno en los bancos.

Myners también dijo que "todos tienen lecciones para aprender de lo sucedido: los reguladores, los bancos centrales, las agencias encargadas de establecer normas de crédito, las calificadoras de créditos". Pero, agregó, en este momento lo más importante es crear un sistema bancario fuerte que apoye a "las compañías británicas, los ciudadanos británicos y a la economía británica".

Muy razonable.

Pero las preguntas sobre las causas de lo acontecido exigen respuesta. Por varios motivos. Incluyendo que la crisis pone en tela de juicio ideas básicas que orientaron a las autoridades encargadas de velar por el funcionamiento del sistema financiero en EE.UU., durante las últimas dos décadas.

Son especialmente interesantes las declaraciones de Alan Greenspan, presidente del sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos entre 1987 y 2006, ante un comité del Congreso de los Estados Unidos. La Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, tiene como una de sus principales obligaciones el "conducir la política monetaria de la nación influyendo las condiciones monetarias y del crédito en la economía, en la búsqueda del máximo empleo, precios estables y tasa de interés de largo plazo moderadas". No cumplió con esa misión.

El presidente del Comité de Supervisión y Reforma del gobierno, en la Cámara de Representantes, le preguntó directamente a Greenspan si había cometido un error al impulsar la desregulación del sistema financiero. El ex presidente de la Reserva Federal reconoció que se había equivocado "parcialmente".

El problema es que ese error "parcial" toca el corazón de su concepción de cómo funciona el mundo económico. Greenspan reconoció que "había cometido un error al presumir que el interés egoísta de las corporaciones, especialmente de los bancos, era tal que ellas serían las más competentes para proteger a los accionistas y a sus valores en las firmas … Descubrí un defecto en el modelo que yo percibía era la estructura funcional crítica que define cómo opera el mundo." Y agregó que quienes "consideramos que el interés egoísta de las instituciones de crédito las haría proteger los valores de los accionistas (especialmente yo) nos encontramos en un estado de incrédula sorpresa".

Hace dos décadas, la implosión de la URSS sepultó un paradigma (el de la economía centralmente planificada). Hoy, Greenspan reconoce un "defecto" en su modelo del sistema financiero, tan fundamental, que pone en duda el paradigma de la desregulación a ultranza (demuestra que el interés egoísta, la fuerza que impulsa la mano invisible de la competencia, no siempre es racional ni funciona para promover el bien común).

Es una situación confusa, pero, sin duda muy interesante.

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