Con toda razón

No todo lo que hace un buen gobierno es acertado ni todo lo que hace un mal gobierno es equivocado. De esto último, acaba de dar un ejemplo el área del gabinete que atiende las relaciones internacionales del país, la cartera de Relaciones Exteriores.

Ya habíamos dicho que la mochila de tres años de Gargano en la Cancillería, había sido demasiado lastre, suficiente para que la política exterior del país, en tanto que política de Estado, se hubiera deteriorado en marcado contraste con la tradición de grandes minis-tros del pasado, y que no quedaba demasiado tiempo pa- ra que pudiera recomponerla el doctor Gonzalo Fernández.

La última patinada de Gargano la dio fuera de la Cancillería, cuando enterado por una "gaffe "informativa de que Argentina postulaba a Kirch-ner como presidente de Unasur, dijo suponer que sin duda, nuestro país lo apoyaría. Se equivocó dos veces: no es a la Presidencia del organismo que se candidateaba Kirchner -ésta se ejerce por rotación anual entre los países miembros y no es remunerada- sino a la Secretaría General, cargo bien pago y estable. Y bien, en actitud que lo enaltece, el canciller uruguayo, en consulta con el presidente de la República, negó rotundamente ese respaldo, lo que supone un veto ilevantable, pues para esa nominación se necesita consenso, y la negativa de un solo país la imposibilita.

No es necesario explicar las razones. Kirchner toleró bajo su gobierno los piquetes en los puentes, violó el derecho internacional, y asimismo se hizo cómplice de lo que en cualquier país es un delito sancionado por la ley penal. Con el agravante de que en Santa Cruz reprimió a los piquetes. Agréguese a ello, la negativa al dragado del Canal de Martín García.

El ex presidente argentino pasará a la historia como uno de los personajes de peor recuerdo para los uruguayos. Hoy por unanimidad, el país respalda una medida si se quiere cantada, pero no por ello también correcta y ejemplarizante, de un gobierno que no hace olvidar las omisiones y la desatención a las exigencias de la Cancillería, pero que por lo menos repara.

Porque no dudemos que Gargano lo hubiera votado.

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