Corrupción y violencia en Rio

| El film que ganó el Oso de Oro en Berlín se exhibe desde mañana

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GUILLERMO ZAPIOLA

El elogio crítico, las polémicas y el éxito de público la han perseguido desde que obtuvo el Oso de Oro a mejor film en el Festival de Berlín 2008. Es que "Tropa de elite", que se estrena mañana, es una de esas películas que no deja indiferente a nadie.

De hecho, las discusiones sobre el film habían empezado antes, desde su estreno mismo en Brasil, donde se convirtió en el título más visto en sala en el año 2007: doce millones de espectadores, a los que hay que agregar a toda la gente que la vio en DVD y un récord de venta pirata, anterior incluso a su estreno.

Lo que el film cuenta es el quehacer cotidiano de un grupo de agentes y de un capitán del Batallón de Operaciones Policiales Especiales de Rio de Janeiro que quiere salir de la institución. El protagonista (Wagner Moura) es un individuo de disciplina estricta, con fama de implacable, incorruptible y eficiente. Es también un hombre con tendencia a saltearse los reglamentos, un violento y un torturador. Esa última faceta del personaje le ha valido al film el calificativo de "fascista" por parte de más de un observador.

El director José Padilha había realizado antes el excelente documental Ómnibus 174, que registraba un hecho real: el copamiento y toma de rehenes en el vehículo del título por un grupo de delincuentes, que desembocó en un operativo policial culminado con algunas muertes innecesarias.

REALIDAD. Para hacer Tropa de elite, Padilha se inspiró en cambio en la historia de dos ex capitanes del Bope (Andrés Batista y Rodrigo Pimentel), escrita en colaboración con el sociólogo Luiz Eduardo Soares y publicada bajo el título de A elite da tropa. Pimentel, quien estudió sociología y es actualmente encargado de la seguridad en un banco privado, también participó en la adaptación y, al menos en sus declaraciones de prensa, suena como un tipo sensato que no comparte la vocación por la violencia de sus personajes.

De acuerdo a sus propias palabras, la policía fue creada para proporcionar seguridad, y cuando esa lógica se invierte todos salen perdiendo. Eso es, a su juicio, lo que ocurre en el film. El escritor considera que "los errores que se describen en Tropa de elite se siguen cometiendo", aunque también sostiene que los principales responsables por la violencia urbana son las bandas de narcotraficantes, que viven en una guerra continua.

Aunque haya quienes sostienen que el film es un alegato en favor de la violencia policial, el director José Padilha ha señalado que no siempre la policía estuvo de acuerdo con lo que se dice en ella. Mientras filmaba, la Policía Militar le pidió el guión con el argumento de que querían saber dónde iban a rodar, para evaluar si era seguro hacerlo (naturalmente, los morros son "zona de riesgo"), aunque alguien le informó que estaban evaluando el contenido del film y en algún momento sobrevoló el fantasma de la censura. Finalmente hubo órdenes que Padilha califica, genéricamente, como "de arriba", y las cosas se calmaron.

Padilha ha señalado que la película nació, entre otros factores, de una inquietud personal, y en un momento en que se decía que el tema de la violencia urbana y las luchas entre pandillas estaba agotado en términos cinematográficos. Mientras rodaba Ómnibus 174 estaban saliendo películas como Ciudad de Dios de Fernando Meirelles y O invasor de Beto Brant. Sin embargo, argumenta Padilha, tanto el film de Meirelles como el de Brant solamente mostraban el punto de vista del narcotraficante. No se tocaba, en cambio, la perspectiva de la policía.

Y allí estaba, a su juicio, el `quid` de la cuestión. Padilha insiste en que no es posible entender el fenómeno de la violencia sin entender a la policía, que no es "un detalle", sino uno de los factores claves de todo el cuadro. Padilha había leído el libro de Pimentel, Batista y Soares, y se puso en contacto con Rodrigo Pimentel para discutir la posibilidad de llevarlo al cine.

La película no es, de hecho, una adaptación del libro, sino que cuenta una historia propia, aunque recoge del material original (y de la experiencia de sus dos ex policías) muchos elementos que aparecen incorporados a la ficción cinematográfica. Por otra parte, una vez terminada la filmación hubo más cambios. El montaje varió radicalmente muchos aspectos del guión, incluyendo un narrador y una narración en `off` diferentes a los que se habían previsto originalmente.

DEBATE. Padilha sabía que la película iba a ser polémica, y no rehúye la discusión. A su juicio, el verdadero tema es la hipocresía que se vive en Rio de Janeiro como facto que subyace a la violencia. En opinión del director, todo es "negociado": si se quiere hacer algo por los niños de las favelas hay que hacerse amigo de los narcotraficantes; el policía que quiere reformar al Batallón debe recaudar el dinero en la calle, porque la propia institución carece de él. Nada es blanco y negro, todo es gris, aunque algunos no lo hayan entendido así.

Cuando se la exhibió (y premió) en Berlín, el crítico de Variety, Jay Weissberg, retomó la acusación de "fascismo" y afirmó que la película era "una monótona celebración de la violencia, un film de reclutamiento para fascistas brutos". Pero las cosas no parecen tan simples. Es obvio que el jurado del Festival, que le otorgó el Oso de Oro a mejor film, no opinó lo mismo. Y lo mismo cabe decir de la Academia Brasileira de Cinema, que adjudicó a Tropa de elite ocho premios: mejor director, actor, actor secundario, fotografía, maquillaje, sonido, efectos especiales y premio del público, este último otorgado por cuarenta mil aficionados que votaron a través de teléfonos celulares.

Entre tanto, Padilha ha hecho saber que planea, aún sin fecha, una segunda parte de su film. Sin embargo, antes piensa hacer Nunca antes en la historia de este país, una película sobre la corrupción política. "Será la Tropa de elite de la política", sostiene el director.

Un documental y una cercana coproducción

José Padilha está presentando en estos días en la Mostra Internacional de Cinema de Sao Paulo, que se desarrolla entre el 17 y el 30 de octubre, su segundo documental de largometraje, Garapa, un trabajo sobre el hambre en el mundo. El director está trabajando contrarreloj con el montaje para tener lista su película antes de que la muestra termine (ya se anunció que se la exhibirá uno de los últimos días), pero cree que no va a haber contratiempos. Lo mismo sostiene Leon Cakoff, el creador y director de la Mostra de Sao Paulo.

"El film y el tema son explosivos", sostiene Cakoff. La aproximación de Padilha a su tema es, según sus propias palabras, "microscópica": no un discurso genérico (alguien ha dicho ya que una muerte es una tragedia pero un millón de muertos son una estadística), sino una aproximación concreta, específica, individual, a gente que tiene hambre.

Garapa es el segundo documental realizado por Padilha (el anterior fue el excelente Ómnibus 174), pero no han sido sus únicos acercamientos al género. También produjo Estamira, otro documental dirigido por su colaborador Marcos Pardo.

Mientras sigue trabajando en Brasil, Padilha planea también una coproducción internacional. Se trata de Marching Powder, actualmente en preproducción, sobre un libro de Thomas McFadden acerca de un traficante de drogas británico que desarrolló un extraño negocio estando en prisión en Bolivia.

Oscuras formas de atracción

El contenido de "Tropa de elite" puede resultar, para decirlo de la manera más suave posible, perturbador. Su gráfica descripción de la violencia policial aspira, se supone, a provocar rechazo, pero en cambio ha sido celebrada por una parte del público brasileño al que aparentemente tocó una fibra de "vigilante". Alguien a quien le gusta el film como cine aunque discrepa con lo que dice, ha señalado que parte de su fuerza radica en la actuación (definida como "extraordinaria y aterradora") de Wagner Moura como el capitán Nascimento. Se trata de un personaje complejo, sostiene ese observador, que no puede ser desestimado como un simple Bronson, Seagal o Stallone.

Por otra parte, y aunque acaso no haya sido la intención, se ha desencadenado en Brasil un "culto del Bope", con el logo de la institución (una calavera rodeada por pistolas y cuchillos) multiplicándose en remeras y ropa interior. Los oficiales son aclamados en la calle por niños y jóvenes que incluso imitan los gestos de la tortura de la "bolsa en la cabeza".

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