IGNACIO DE POSADAS
Sé que es fuerte decirlo, pero necesario, dado que, curiosamente, hay quienes aún no lo perciben.
Lo sucedido en estos días, siendo apenas un caso entre muchos otros, debería ser prueba más que suficiente de lo afirmado en el título.
Después de cuchichearse en voz baja por los corredores partidarios, el tema de las candidaturas frenteamplistas terminó donde la dirigencia del Frente no quería: a la luz del día; y al no poder ya, ni resolverlo cupularmente, a puertas cerradas, ni taparlo, empezaron a mostrar la hilacha.
En otra demostración de que son maestros del discurso (del discurso ofuscante) inocularon el tema con la palabra políticamente correcta: consenso. La candidatura debe ser resuelta, por consenso, estado superior a la forma democrática de decidir que es el voto. Es, además, lo mandado por la Constitución, que en su última reforma hace obligatorio el mecanismo de una elección interna, basado en la persuasión de que tal requerimiento, por democrático, será beneficioso para el país. Subrayemos: la Constitución no hace optativas a las internas; como pensando en que sólo deban pasar por ellas los ciudadanos de segunda.
Con la caída del muro de Berlín nos hemos ido olvidando de mucha cosa (los jóvenes, principalmente, sienten al comunismo como algo tan lejano como el fascismo o el nazismo). Así, olvidamos la fórmula "democrática" inventada por Lenin, el gran adaptador de Marx a la real politic.
Siempre complicado y difícil en sus razonamientos, Marx había imaginado el imposible de una sociedad sin autoridad, como fruto de la utopía socialista. Pero debía ir precedida de una suerte de purgatorio, llamado dictadura del proletariado. Sólo que, como todo lo de Marx, no funcionaba. El proletariado está en otra y así, Lenin, que no vivía dentro del British Museum sino al asalto del poder o atrincherado para no perderlo, interpretó a Marx: lo que, quiso decir el numen era que será la vanguardia del proletariado la que mande. Es decir, el partido Comunista.
Retomando la raíz Rousseuaniana del pensamiento marxista, Lenin decretó como políticamente correcto que sólo el Partido estaba capacitado para discernir cuál es la voluntad general.
Y así ha seguido, ya que no es otra cosa lo que hoy muestra el Frente o, mejor dicho su cúpula. Primero fue el Presidente quien pretendió instruir a los frentistas acerca de cuál era la correcta voluntad general: la fórmula Astori-Mujica.
Pero no le funcionó, porque éste último, ungido ya por las encuestas, no se avino a cabrestear.
Lo que les generó un problemón: si no hay lineazo de la elite iluminada el asunto puede caer en manos de la masa ¡horror! ¡Traigan el "consenso", rápido! Sólo que el "consenso" los ha llevado a desnudar del todo su visceral rechazo a la democracia. Como los dos delfines (maduritos) no pudieron convencerse mutuamente que uno debía sacrificarse e ir segundo, en aras de la voluntad general, entre los dos inventaron algo todavía más antidemocrático: excluir a todos los demás y, ya que no hay más remedio que pasar por el trauma de una elección, "consensuar" que correrán ellos solos.
Si eso no constituye prueba suficiente de lo antidemocrático que es el Frente, piensen en otra: en lo que ha sido el funcionamiento del parlamento en este período de gobierno ¿Recuerdan otro en el cual los proyectos entraran por un lado y salieran por el otro como chorizos? ¿En el cual el Poder Ejecutivo anunciara que tal o cual proyecto sería aprobado con fecha predeterminada, antes de siquiera mandarlo? ¿O en el que los niveles de discusión parlamentaria hayan caído tan bajo?
El parlamento ha sido reducido al rol que el comunismo suele dar a la institución medular de la democracia: a levantar las manos cuando lo dispone el Ejecutivo.