Uruguay
Castillo. Sin culpa en los goles. En el complemento evitó un par de caídas de su arco con atajadas providenciales.
Silva. Tuvo algunas dificultades cuando Reyes desbordó por afuera de la cancha.
Lugano. Con un rechazo defectuoso gestó el primer gol boliviano. Después, no siempre pudo controlar las apariciones de Martins.
Scotti. Pareció algo descolocado en el arranque. Luego fue mejorando y, "a cancha", fue emparchando el costado izquierdo de la zaga.
Cáceres. No lo desequilibraron por la raya. Con la pelota en los pies, no se proyectó demasiado.
Gargano. Parejo. Rendidor, sobre todo en los momentos más bravos.
Arismendi. Armó la jugada del gol y jugó con gran personalidad y prestancia.
A. González. Aunque se movió con su habitual dinámica, anduvo mejor en la contención.
Rodríguez. Al comienzo inquietó con un par de corridas. Después se apagó.
Sánchez. Bajó a trabajar cerca de los volantes y a arrancar desde atrás, mostrándose impreciso y perdiendo varias situaciones favorables. Su gran aporte fue el milimétrico centro que metió para Abreu.
Bueno. Hizo un gol. Obligó a los zagueros rivales.
Pereira. Le dio mayor movilidad y claridad a la salida hacia el ataque.
Abreu. En la suya: entró y metió el gol del empate con soberbio cabezazo.
Bolivia
Arias. Le tapó un gol al "Cebolla" Rodríguez y otro a Abreu.
Vargas. Le ganaron la espalda en varias ocasiones y cuando cerró, lo hizo dejando claros. Atacó más que contra los peruanos.
Raldes. No se mostró totalmente firme, ni por arriba ni por abajo; lo salvó la falta de precisión para la definición de los delanteros rivales.
Rivero. Como frente a Perú, careció de firmeza cuando lo apuraron; como con Raldes: los celestes no lo aprovecharon.
Reyes. Movedizo, "arrancador", dinámico; esta vez complicó más cuando llegó por afuera y metió "misiles" al área, que cuando enfiló en diagonal al medio y remató al arco.
J. Robles. Un opaco trabajador del mediocampo. Varios contragolpes celestes "le comieron" la espalda.
Flores. Sin hacer un gran trabajo, su orden le sirvió de apoyo al armado de Ronald García y Joselito Vaca.
R. García. Manejó la pelota con criterio, sin arriesgarla demasiado. Metió un centro preciso para que Martins, con certero cabezazo, anotara el segundo tanto.
Vaca. Ratificó lo expuesto ante los peruanos: por sus pies y su manejo de cabeza levantada pasa la gestación de la mayoría de los ataques bolivianos.
Botero. Esta vez no hizo nada. No tuvo ningún "cachón" y lo controlaron. Salió a buscar la pelota lejos del área y perdió posibilidades.
Martins. Dúctil, intuitivo y, además, resultó implacable: metió dos goles y otro se lo tapó Castillo.