Un mensaje desde la marquesina

MATÍAS CASTRO

La calle Corrientes de Buenos Aires tiene, como ya se sabe, unos cuantos grandes teatros de revista. En sus marquesinas se pueden ver a las más notorias figuras de televisión encabezando obras humorísticas y de revista. Uno puede encontrar a una Moria Casán de diez metros de altura, o una Luciana Salazar exhibiendo un trasero de unos tres metros de alto por cinco de ancho. Un verdadero espectáculo que no exige pagar entrada. La avenida, por más mística y promoción que se le ponga a sus teatros, no es exactamente la más glamorosa del mundo. Frente a ellos circula un río interminable de personas, gente común y corriente muy alejada de todo ese brillo.

Se me ocurre, mirando todo eso, que por cada Luciana Salazar o Ximena Capristo tiene que haber mil, dos mil o la cantidad que sea de aspirantes, caminando junto al resto de la gente común, por la puerta de los teatros. A veces no es muy difícil adivinar su presencia por ahí. Chicas operadas, con ropa insinuante que caminan por la calle.

No puedo entrar en sus cabezas, pero de todas maneras es claro que por cada vedette que triunfa, cientos de aspirantes quedan por el camino. La ruta es indudablemente dura y exhibicionista, después de todo se aspira a llegar a los más altos estratos de exposición pública tanto en los teatros como en la televisión. Y sobre todo, se aspira al dinero y al constante masajeo del ego.

Desde Uruguay eso parece muy lejano. Dar el salto ha sido cosa de unas pocas. Pero ellas han abierto una brecha.

Ayer un sitio web argentino divulgó un viejo video en el que Jessica Cirio, cuando era una de las tantas participantes, hacía un striptease en Videomatch. Armada de inversiones en cirugía plástica y gimnasia, Jessica era en ese momento una aspirante más. Hoy está del otro lado, sobre los carteles, "inspirando" a otras.

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