Mientras la crisis financiera más grande desde el crack de 1929, que se ha extendido por el planeta acapara la atención mundial, hay graves situaciones y aquí mismo, en nuestro continente, que no hay que olvidar.
Es una obligación moral, sin temor a volverse reiterativo, intentar colaborar con la denuncia pública, una y otra vez, de las violaciones a los derechos humanos y a las libertades individuales que sufre el pueblo cubano.
Algunos de ellos con plena conciencia y otros anestesiados por decenas de años viviendo bajo un régimen totalitario que, como tal, se ha encargado de lavar el cerebro de sus sometidos por distintos medios: propaganda, mentiras y alimento del miedo.
Por ese motivo, es admirable y merece el apoyo internacional, toda esa gente que se atreve a luchar pacíficamente, exponiéndose a las represalias del gobierno que se dedica a intimidarlos con múltiples formas o los encierra.
Con encarcelamientos co-mo los que sufren desde hace años cantidad de presos políticos, en condiciones inhumanas, bajo pretexto de burdas acusaciones y sentencias.
Nuevamente, un grupo de personas que no se da por vencida, ha vuelto a moverse para recolectar firmas para llevar adelante un referéndum (Proyecto Varela), que le permita a los cubanos expresarse y reclamar. Para que salgan los que se encuentran privados de su libertad por motivos puramente políticos y para que los cubanos recobren sus derechos y puedan elegir su gobierno. Una manera también, de rechazar las maniobras que se presentan como "cambios", sin serlo.
En 2003, se presentaron 14.384 firmas con su identificación. A esta cantidad se suman las 11.020 presentadas anteriormente, en mayo de 2002. O sea que más de 25.000 personas han respaldado estas iniciativas. Aunque la Constitución vigente dice que son necesarias 10.000 firmas para convertir el petitorio en proyecto de ley, nunca sucedió nada. Actualmente, al notar la movilización, los amedrentan de diversa manera. Visitas amenazadoras, pérdida del trabajo, del lugar en la escuela para los hijos, el estudiar en la Universidad e infiltrados, que sabotean con firmas falsas.