Alfonso Lessa
Danilo Astori bajó con todo a la cancha y la emprendió el fin de semana pasado en el club Tabaré con un duro discurso contra los partidos tradicionales y en particular contra los últimos gobiernos colorados y blanco.
El discurso generó la reacción del ex presidente Luis Alberto Lacalle, en una actitud que retroalimentó una fuerte polémica con Astori y posicionó a los dos dirigentes en el primer plano del debate político. Algo para nada menor, en momentos de definiciones electorales y mientras se prepara una larga campaña cuya primera etapa estará marcada por las internas.
La actitud del líder de Asamblea Uruguay pudo resultar inesperada, pero en realidad no debería sorprender si se entiende que el ex ministro de Economía procura, ante todo, reposicionarse en la propia izquierda.
Después de su gestión como ministro, de la que llegó a ser elogiado públicamente por el embajador de Estados Unidos, y como contrapartida resultó cuestionado por sectores duros del sindicalismo y de izquierda, Astori busca correrse desde el centro y ampliar su espacio político para disputar la interna con Mujica.
Pensar que Astori, con el endurecimiento de su discurso, procura rescatar votos de colorados, blancos o independientes, no tiene sentido. En realidad, ataca a colorados y blancos, pensando en Mujica.
Astori y Mujica comenzaron la semana con una reunión mano a mano, luego de la cual dieron una imagen de diálogo, de búsqueda de acuerdos que eviten la confrontación. Los dos coincidieron en que el camino de la fórmula conjunta no está cerrado, pero aclararon que, en todo caso, habrá competencia con reglas de juego claras.
El correr de la semana y las definiciones del MLN el pasado viernes, dejaron ver cada vez con más claridad, que gana la idea de una interna en el Frente y que la fórmula de consenso va perdiendo pie.
Lacalle no desaprovechó la oportunidad y salió al cruce de Astori tal vez también, como Astori, pensando más en su propia interna que en el adversario ocasional. El episodio mostró una polarización fuerte entre Astori y Lacalle y, aunque sea coyuntural, puede resultar un adelanto de lo que probablemente ocurra cada vez con más frecuencia: enfrentamientos cruzados entre los precandidatos blancos y frentistas, que de ese modo buscarán reforzar su protagonismo y de paso buscan aminorar el inevitable desgaste del choque con sus adversarios en las internas.
Ya han existido en otras ocasiones choques protagonizados por Larrañaga y con Mujica. Este último preguntado el viernes sobre este cruce entre Astori y Lacalle, intentó descalificar al ex presidente blanco (no debato "con cadáveres" dijo) lo que también puede leerse como un intento de devaluar este episodio protagonizado por Astori.
Esta polarización también sirve a sus partidos en la medida que los reafirma como favoritos y deja a los demás "balconeando" la definición. Esa, precisamente, fue una queja del precandidato colorado, Luis Hierro, quien en Código País de canal 12, habló de una polarización artificial.
Este escenario se plantea en dos partidos que aparecen como los favoritos, pero parten desde puntos de salida diferentes: los blancos, con la estructura aceitada y la interna ordenada y definida, con dos competidores principales y un tercero (Vidalín) que mantiene una intención de voto que puede resultar importante a la hora de definir.
El Frente, con una interna todavía confusa, en la que el horizonte se ha aclarado sólo en parte, en la medida que la candidatura ha quedado restringida a Mujica o Astori, pero en la que todavía falta mucho por definir. Y en la que la izquierda asume un camino en el que tiene nula o muy escasa experiencia, como es el de una interna realmente competitiva, que obliga a pelear adentro, para luego luchar afuera. Y obliga a hacerlo sin heridas que dejen secuelas para el próximo paso del ciclo electoral: las nacionales.