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Sábado 11.10.2008, 15:03 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial

Calidad, no cantidad

IGNACIO DE POSADAS

Imposibilitado ya, por la fuerza de los hechos, de seguir negando los riesgos y temores en que vive la sociedad, el gobierno encargó a su Ministra del Interior que trajera alguna solución y ésta, en el segundo llamado (su Presidente la bachó en la primera presentación) nos anunció, con la rimbombancia que el Frente Amplio ha tomado por estilo permanente, "EL" plan de seguridad.

Plan que, estaba cantado, se basa en una doble premisa: 1) todo es culpa de anteriores gobiernos; y 2) jamás en la historia hubo un plan igual.

Con aire muy docente la Sra. Tourné fue envolviendo en superlativos una listita de medidas que a la postre consisten en poner más policías en la calle.

En sí, no está mal, pero dista mucho de constituir los siete días de la creación, como lo vende la señora y difícilmente le haga una mella sustancial a la delincuencia rampante que nos asola.

Un experto en la materia sin duda tendría muchas más críticas y propuestas, pero utilizando apenas el sentido común y alguna experiencia de trabajar en los barrios marginados de Montevideo, me parece que hay algunas cosas bastante obvias que se pueden hacer.

Para empezar, cuesta creer que la mera acumulación de policía en la calle vaya a tener mucho resultado.

Máxime si una proporción importante del aumento lo constituyen nuevos efectivos, reclutados bajo menores parámetros de exigencia. Más agentes, peor capacitados pero igualmente mal pagos y con baja autoestima no auguran más efectividad.

Sobre ese aspecto, la experiencia empresarial aconseja concentrar los recursos limitados en capacitar y en remunerar diferenciadamente al personal clave.

En este caso a quienes tienen responsabilidades de dirección de mando y de supervisión.

Pero hay otro ángulo de aproximación al problema. Buena parte de las personas que se dedican a delinquir viven o provienen de los barrios marginados de Montevideo; por causas obvias, cuya demostración huelga.

Esos barrios son casi como otro mundo. No tanto del punto de vista material, sino social y psicológico.

Otros códigos, otros sentimientos. El bien y el mal no dependen tanto del acto y la intención sino del objeto al que están dirigidos; los amores son mucho menos que los odios; los apoyos, como la familia, son casi inexistentes; la contención que pueda dar una institución educativa, apenas un poco mayor; el mundo fuera del barrio es enemigo y la droga es parte -muy importante- de la vida cotidiana. Si no se hace algo por penetrar con efectividad esas ciudadelas, cada vez será más difícil combatir a quienes, desde ellas se vuelcan predatoriamente sobre el resto de la sociedad.

En una época el Uruguay tenía una institución maravillosa, que supo transformarlo en un país educado e integrado: la escuela pública.

Pero prácticamente desapareció. Como desapareció en esos barrios el principio de autoridad y respeto llamado Guardia Civil.

Hoy es milico, es ajeno y es enemigo.

Entonces, no sería mala idea, sino muy buena inversión, construir, como prueba piloto, en algunos barrios bravos, núcleos que contengan una escuela, una comisaría, una policlínica, plaza de deportes y centro barrial para actividades artesanales, artísticas, sociales y lo que fuera, donde se combine la formación con la autoridad, el cuidado de la salud y el combate al ocio mal entretenido.

El monto a invertir no sería mucho, (deberá sí incluir sueldos diferenciales para los docentes, policías y demás) y vencida la resistencia inicial, que la habrá, los resultados serán, estoy seguro, impactantes.

Por último, es necesario que la policía encare con mucha más energía el tema de la droga. La Ministra lo colocó casi como un apéndice de su plan, siendo que constituye uno de los motores centrales del problema.

Que sea muy difícil, nadie lo duda. Que se esté haciendo todo lo posible, nadie lo cree.

El País Digital

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