La crisis y la ideología

CLAUDIO FANTINI

Ideas en naufragio, presagios cataclísmicos, agonía de la certeza y fuego cruzado de maldiciones y reproches. La escena tuvo drama y patetismo en sobredosis, mientras el espectador, absorto, empezaba a intuir que el hilo se ha cortado y que la espada inició su trayecto inexorable hacia Damocles.

Así se vivió, al comenzar la semana, el rechazo del Congreso a las medidas del secretario del Tesoro Henry Paulson. El mundo observó, estupefacto, como los propios legisladores republicanos desoyeron el reclamo presidencial, obstruyendo su primer intento de obtener un controvertido salvataje financiero.

El presidente Bush repetía la fábula del pastor mitómano. Tantas veces mintió la asechanza del lobo, que cuando la amenaza fue cierta no logró que le creyeran. Sucede que el miedo siempre fue su argumento predilecto para conseguir cheques en blanco. Por miedo al espectro de un terrorismo apocalíptico, le permitieron reducir libertades individuales. Por miedo a secretos arsenales del leviatán de Bagdad, le permitieron invadir Irak. Pero cuando el pastor mitómano azuzó el miedo a una hecatombe financiera, el Congreso no le creyó.

Se entiende que la oposición haya condicionado su aprobación. El Partido Demócrata se identifica con las clases medias y tiene lógica que exija que no sólo los bancos de inversión sean rescatados con fondos de los contribuyentes, sino también las personas que no pueden pagar las hipotecas de sus casas y los empleados y obreros que pierdan su trabajo.

En cambio, el grueso de los legisladores republicanos obstruyeron las medidas de emergencia de su propio gobierno, planteando una cuestión de coherencia con la convicción de que el Estado no debe involucrarse en la economía. Tiene lógica, pero a su vez esa lógica tiene un límite, porque si ser coherente implica dar un paso hacia delante cuando se está frente a un abismo, equivale a una decisión suicida.

Todo queda claro cuando, en el argumento para justificar la auto-obstrucción republicana, aparece la idea de que las medidas impulsadas instalarán "el socialismo en Estados Unidos".

En este punto el razonamiento entra en el terreno del absurdo. Equiparar el salvataje financiero con el socialismo suena tan descabellado como afirmar que en los tiempos que van desde Franklin Roosevelt hasta Lindon Johnson, la potencia americana fue socialista. No es que sean equivalentes el plan actual y la receta keynesiana que llevó al "welfare state". Aquella fue, incluso, más totalizadora en la medida en que el Estado se volvía protagónico en la reactivación productiva y en la creación de redes de protección social.

Por lo tanto, los republicanos que hoy ven socialismo en el plan Paulson, en las décadas del Estado de Bienestar deben ver comunismo. Un absurdo que muestra hasta que punto los ideologismos convergen, ya que la izquierda latinoamericana hoy festeja "la caída del capitalismo", cuando en realidad se trata de un sistema multifacético con oscilación pendular. Lo que está ocurriendo es, en todo caso, el final de una de esas fases: la desregulación total de los mercados financieros.

Así como el crac del 29 movió el péndulo hacia el keynesianismo, la crisis británica de los setenta puso fin al laborismo de Harold Wilson y James Callaham, iniciando la "revolución conservadora".

Del mismo modo, la crisis actual moverá el péndulo marcando el final de la desregulación absoluta. Al fin de cuentas, los últimos cien años muestran que sin mercado la economía no avanza, y sin controles el mercado burbujea, o sea genera ficciones especulativas inexorablemente destinadas a estallar.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar