La saga de Salvador Rossetti, el abogado argentino que cuenta con una orden judicial para cruzar el puente que une Gualeguaychú con Fray Bentos, sirve para refrescar ante la opinión pública todas las facetas de la absurda situación creada por los piquetes contra la empresa Botnia.
A casi dos años de perpetrado el corte de ruta, cuando los piqueteros que la obstruyen no pasan de media docena, crece el clamor contra un bloqueo de facto causante de graves perjuicios a los habitantes de ambas riberas del río Uruguay y de un largo conflicto entre los países platenses. Además de una sonora cachetada al Tratado de Asunción que dio origen al Mercosur que tanto se invoca y tanta "amistad" entre sus miembros encierra.
Creada en Buenos Aires por el abogado Rossetti, la Asamblea Ciudadana Rutas Libres es una organización no gubernamental que suma adherentes día a día y que intimó a la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú a levantar el corte de la ruta 136, bajo amenaza de iniciar acciones penales contra sus integrantes. En su intimación, esta nueva ONG sostiene que el corte de ruta encuadra en el delito del artículo 213 bis del Código Penal argentino según el cual "será reprimido con reclusión o prisión de tres a ocho años el que organizare o tomare parte en agrupaciones permanentes o transitorias que (...) tuvieren por objeto principal o accesorio imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor".
La valiente postura de Rossetti, quien fue hostilizado por los piqueteros desde que rompió el bloqueo por primera vez, tiene respaldo. "Hay un ánimo mayoritario en la ciudad a favor de que se levante el corte por un tiempo", declaró Luis Molinuevo, un asambleísta de Gualeguaychú, al matutino "Clarín". Este diario señala que los piqueteros se enzarzan en "discusiones con visitantes que se quejan por la prolongación increíble del corte que ya lleva 22 meses". Además, explica que "el único control que hay entre Argentina y Uruguay es, paradójicamente, el que ejercen de hecho los manifestantes" y comprueba algo que debería llamar a la reflexión: que "el Estado (argentino) parece hoy más ausente que nunca".
Ese es el problema de fondo: la tolerancia de las autoridades argentinas con los particulares que obstruyen la libre circulación hacia y desde un país vecino lo que viola principios de derecho internacional y del Tratado de Asunción.
Ahora, tras la entrevista del canciller Gonzalo Fernández con la presidenta Cristina Kirchner, se insinúa una mejor disposición de Casa Rosada, aunque se delega la decisión final de desbloquear el puente a un fallo de la justicia del país vecino.
Es que a diez meses del comienzo de las tareas de producción, es evidente que la empresa de celulosa cumple con los requisitos de cuidado del medio ambiente, según estrictos estándares internacionales. En ese lapso, no hubo una sola denuncia seria y documentada de daños causados al ecosistema o a la salud de los habitantes de la zona, lo que prueba que la alarma creada en Gualeguaychú carecía de fundamento. Hasta el momento, la compañía finlandesa aprobó todos los controles del ministerio de Vivienda y Medio Ambiente, así como los realizados por los ambientalistas argentinos siempre vigilantes de la calidad del agua y del aire.
Ese estado de normalidad es el mejor argumento contra los piqueteros que, desde 2006, venían pronosticando múltiples catástrofes como consecuencia de la puesta en marcha de Botnia. La imagen de la fábrica funcionando a pleno, sin provocar perjuicio alguno, es en realidad la causa del creciente desinterés de los ambientalistas que, en los días de máxima afluencia, apenas alcanzan a congregar a diez personas en el tristemente célebre campamento de Arroyo Verde, situado en las cercanías del puente internacional.
Así las cosas, lo más sensato sería que el gobierno de Cristina Kirchner impusiera su autoridad en la zona- con o sin fallo judicial -para terminar de una vez por todas con la interrupción del tránsito que perjudica no sólo a ciudadanos uruguayos sino también a los argentinos, como es el caso de Salvador Rossetti.
Ya es hora de que caiga el telón sobre este desatinado folletín de los piqueteros -y parece que va en camino-, extendido en el tiempo de manera inaudita y que tanto afecta a las buenas relaciones entre los dos países del Plata.