Después de casi 5 años al frente de la Embajada de la República de Polonia se retira del Uruguay el Embajador Lech Kubiak un caballero de la diplomacia que supo calar hondo en la sociedad uruguaya, en su cultura y en su idioma y prosa. A diferencia de lo que ocurre -lamentablemente más de lo deseable-, que los diplomáticos suelen representar más que a sus países, a identidades políticas de turno, Lech Kubiak ha sabido hábilmente representar como ninguno a la Nación Polaca. Y, sobre todo rescatarla de centro europa para insertarla como el paradigma de una cultura y tradición bien occidental, un centro de luz intelectual con brillo propio. Siempre hemos asociado a Polonia con Chopin, Copérnico, Madame Curie, músicos como Paderewski, abundan los premios nobel como Wislawa Szymborsky, los grandes realizadores cinematográficos que todos conocemos como Polanski, Wajda, el inolvidable novelista Joseph Conrad y el propio Papa Juan Pablo II. Es por todo ello que nos sentimos tan ligados a este diplomático por todo lo que supo trasmitirnos de su nación y en especial de esa Cracovia mágica que siempre nos regala siglos de arte, historia y fe. A lo largo de estos años, Kubiak un hombre culto, fino, fuertemente sensibilizado por la latinidad, ha sido un interlocutor valioso entre ambas naciones para incentivar vínculos amistosos, culturales, comerciales y artísticos, no han sido pocas las veces a lo largo de estos años que nos ha puesto en contacto con sus músicos, nos ha traído famosas orquestas, coreografías y destacadas individualidades intelectuales. En lo personal hemos disfrutado de su amistad de rico contenido cultural así que no pasaremos por alto su ausencia. Entretanto, deseamos al amigo Kubiak éxitos personales en su nuevo destino que extendemos para su país.