El espíritu de Da Cunha estuvo en el Olímpico

Los futbolistas de Cerro sacaron una pancarta; Brum fue uno más

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SILVIA PÉREZ

Aún no eran las 9:30 horas y un grupo de hinchas de Cerro, con sus enormes banderas desplegadas, caminaba por la calle Grecia rumbo al Olímpico.

Es que ayer la Villa se despertó temprano. Era día de clásico entre Rampla y Cerro y se jugaba en el barrio, como le gusta a sus habitantes. Las mujeres agarraron a sus hijos y se fueron al estadio. Esta vez la pasta del domingo quedaría para más tarde.

"¡Se pinta, se pinta!", anunciaba el hombre a la entrada del Olímpico con sus tarritos y pinceles en la mano. Pero en ellos había solo dos colores. Su amor por el equipo picapiedra pudo más que el negocio o la necesidad.

"Por un clásico sin violencia", se solicitaba desde los altoparlantes. Los jugadores de Cerro salieron primero al campo de juego con una enorme pancarta que emocionó a todos. Estaba dedicada a Héctor Da Cunha, el hincha albiceleste asesinado y rezaba lo siguiente: "Sin Héctor nada es igual. Con justicia será diferente. Gracias. C. A. Cerro".

La salida del equipo picapiedra fue espectacular. Su hinchada lo esperaba con globos verdes y rojos y humo y bengalas de los mismos colores. Las serpentinas no tardaron en tapar la zona del arco, pero con tanta mala suerte que un petardo las prendió fuego. Enseguida lo pagaron.

"Bebe" Castelnoble se encaminó hacia el banco de Cerro y saludó a su colega Repetto. Su buen ejemplo quedó flotando en el aire. "¡Viejooo Rampla. Desde la Villa del Cerro mirando hacia la ciudaaad!", el tango de Rampla sonó fuerte en todo el estadio, hasta que el árbitro Roberto Silvera pitó el inicio del clásico.

En el primer tiempo los hinchas de Rampla, impulsados por la supremacía de su equipo, se hicieron oír más. "¡Me parece que Cerro no sabe cantaaar!". Los albicelestes, muchos de ellos con tapabocas para evitar contaminarse en la cancha del rival de todas las horas, respondieron inmediatamente.

Faltando poco para el final del primer período el partido estuvo suspendido por unos minutos porque las dos pelotas se habían ido para el agua.

En el entretiempo los hinchas de ambos equipos que estaban en la tribuna principal, pero separados por el palco oficial, se saludaban y bromeaban entre ellos. Una joven, vestida de rojo y verde, le hacía señas a un muchacho ubicado en el sector de Cerro, quizás fuera su novio, para que la llamara al celular. Es que en la Villa todos se conocen y lo único que los separa es el amor por los diferentes colores.

Hasta allí todo había transcurrido en paz. Durante el segundo tiempo hubo incidentes en la tribuna de Rampla, porque una pareja, hincha de Cerro, que se había infiltrado allí, gritó uno de los goles de su equipo. Y a la salida de los exultantes parciales albicelestes hubo algunas escaramuzas, pero el trabajo de la policía fue eficiente y las cosas no pasaron a mayores.

"Esto es un sentimiento incomparable. Le debo mucho a Cerro y la mejor manera de demostrarlo es estando acá con los compañeros", dijo el volante tricolor Roberto Brum convertido en un hincha más. "Algún día voy a volver!".

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