JOSÉ MASTANDREA
Colorido. Clima festivo afuera y adentro, colas para ingresar al escenario bohemio y dos rivales que sienten el encuentro como un clásico.
Pero tanto para Wanderers como para River Plate era un partido especial. Mucho más que un duelo entre vecinos. Los dos llegaron en busca de una victoria. De tres puntos que aliviaran sus penas y sus derrotas.
El local, con muchos cambios en el equipo titular, fue un equipo diferente. Al menos tuvo más actitud, sus futbolistas dejaron todo, corrieron, marcaron y sólo les faltó ese puntillazo final cuando estuvieron cara a cara con el arquero rival.
La visita, con la baja de Henry Giménez y el regreso de Pablo Tiscornia en la defensa, fue un conjunto más compacto que el pasado fin de semana. Claro, ya no es el mismo River. Se le nota agotado, como cansado de tanto trajín (Liguilla y Copa Sudamericana de por medio) en los últimos meses.
Por eso el partido no salió. No se dio como todos esperaban. Porque tanto Carrasco como Acosta armaron sus equipos para ganar. Para salir de perdedores.
Wanderers, estuvo más cerca. Fue el que llegó con mayor peligro pero no cristalizó esa leve supremacía por las manos de Álvaro García, el arquero darsenero que tapó dos pelotas formidables al principio y al final del primer tiempo.
River intentó. Pero no funcionó. Primero por sus propias limitaciones y después, por esa marca pegajosa que le impuso su adversario.
Llegó, es cierto, pero muy esporádicamente y sus intentonas se diluyeron cuando sus delanteros pisaban o estaban cerca del área. No tuvo peso ni gol, algo poco común en los equipos de Carrasco.
El segundo tiempo fue casi un calco. Recién en el último cuarto de hora se animó un poco el encuentro. Porque Wanderers quiso algo más y porque River, de contra, casi encuentra el gol con un cabezazo de Fabricio Núñez que rozó en la mano de Diego Pérez y se estrelló en el travesaño.
Después, el tramo final fue casi todo del bohemio. Con chances claras en los pies de Jonathan Pérez, de Laens y de Charquero. La mala puntería, las manos de García y las piernas de Tiscornia, evitaron el gol una y otra vez.
El final, previsible para muchos, dejó un cero enorme en los arcos.
Los hinchas terminaron saltando en las tribunas y con ganas de gritar un gol. Pero ni Wanderers ni River les dieron el gusto.
Apenas si sumaron un punto. "Peor es nada", dijo un hincha. Y tuvo razón. Ese puntito fue una curita para el alma castigada de los vecinos del Prado.
La cifra
72 Minutos iban de partido cuando el riverplatense Núñez estrelló un cabezazo en el horizontal.
Las estrellas
Álvaro García
Poco pero bueno. Atajó pelotas muy difíciles. Salvó el punto en el Prado.