MARCELLO FIGUEREDO
No vayan a creer que todo anda tan mal. No señores. Mientras las bolsas se desplomaban y el capitalismo asistía asombrado al tembladeral financiero que la semana pasada le movió el piso, un enfant terrible del arte se hacía de 140 millones de euros en apenas dos tardes. Sí señores. Damien Hirst, que así se llama el afortunado, remató en los cuarteles londinenses de Sotheby`s 118 de sus 223 polémicas obras, astuta jugada que le permitió eludir las abultadas comisiones con se quedan los galeristas y hacerse de una fortuna él solito: 12 millones de euros por un tiburón en formol, 13 por un ternero igualmente conservado con un disco de oro en la cabeza, dos millones y medio por un grabado en cristal, oro blanco y diamantes; casi un millón y medio por un tríptico con mariposas y brillantes, y así sucesivamente.
Si estas cifras los dejan anonadados, esperen a ver lo que sigue. Esta misma semana el The New York Times ha vuelto a publicar un aviso que pone a la venta el penthouse triplex que corona el hotel Pierre, en la Quinta Avenida de Manhattan, justo donde nace el Central Park. El fastuoso apartamento, que sale al mercado por la friolera de 70 millones de dólares, ocupa los pisos 41, 42 y 43 del edificio, depara vistas 360 grados a la redonda, y tiene aires de castillo francés con servicio cinco estrellas. Cuenta con 16 grandes ambientes, incluyendo cinco suites principales, siete baños completos y tres para visitas; tiene cinco estufas de leña en perfecto estado de funcionamiento, pisos de roble y caoba, dormitorios para invitados absolutamente independientes y habitaciones de servicio como para albergar a un pequeño ejército de mucamas y cocineros. Según el prestigioso diario, el living de este apartamento, que supo ser el ballroom original del Pierre, es la habitación privada más espectacular del mundo: techos abovedados de siete metros de altura y enormes puertas francesas que abren paso a cuatro terrazas donde ventilarse mirando el parque o la ciudad. ¿Los gastos comunes? Una ganga: apenas 39 mil dólares por mes. Uno se pregunta cómo no aparece un interesado en mudarse allí mañana mismo.
Por ejemplo, bien podría comprarlo John Paulson, que en estos días ha contado al diario británico The Guardian cómo hizo para ganar algo más de 1.000 millones de euros (repito: mil millones de euros) mientras los bancos se hundían. Paulson, un enfant terrible de los mercados conocido por su talento como cazador de desplomes, preside un fondo de inversión de alto riesgo y hoy está cosechando los frutos de su reciente estrategia pro crisis: vendió valores prestados esperando a que bajara su cotización para luego recuperarlos y devolvérselos a sus titulares originales quedándose con un suculento margen de ganancia. Por menos del 1 por ciento del Royal Bank de Escocia se hizo de 369 millones de euros, por casi el 2 por ciento del Lloyd`s TSB obtuvo 326 millones; por uno y poquito del Barclays ganó otros 324 millones, y así sucesivamente.
Después dicen que ya no hay guita.