ROBERT J. SAMUELSON, NEWSWEEK
Wall Street, como la conocemos, se terminó. No es sólo que Merril Lynch aceptó ser comprado por Bank of America, o que Lehman Brothers se declaró en bancarrota, o que American International Group (AIG) recibió US$ 85.000 millones de la Reserva Federal. Tampoco es recordar la caída de Bear Sterns o el salvataje de las grandes firmas de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac. Lo que realmente pasó es que el modelo de negocios de Wall Street se derrumbó.
Codicia y temor, que habitualmente gobiernan los mercados financieros, son las semillas de esta crisis global. Por ahora, no resulta claro cuándo terminará. Lo que está claro es que sus orígenes se encuentran en la manera en que Wall Street ha cambiado desde 1980 y su actual modelo de negocios de tres componentes básicos.
En primer lugar, las empresas financieras han avanzado más allá de sus papeles tradicionales como asesoras e intermediarias. En otros tiempos, los grandes bancos de inversiones, como Goldman Sachs y Lehman, trabajaron principalmente para sus clientes con transacciones, venta de acciones y bonos. Y asesoramiento.
Ahora, la mayoría de las firmas financieras también invierte por su cuenta. Utilizan el dinero de socios o accionistas para apostar a acciones, bonos y otros valores. Merril y otras empresas similares, que en otros tiempos estuvieron al servicio de clientes individuales, se han aventurado a incursionar en la banca de inversiones.
En segundo lugar, las compensaciones que otorga Wall Street han derivado con fuerza hacia bonos anuales, que reflejan las ganancias que los operadores y gerentes lograron durante el año. Pese a fantásticos salarios, los bonos dominan. Los directores administradores con 15 años de experiencia pueden recibir bonos que son entre cinco y diez veces su salario de base de US$ 200.000 a US$ 300.000 por año.
Finalmente, los bancos de inversiones dependen mucho del dinero que piden prestado, lo que se denomina "apalancamiento" en la jerga financiera. Es el caso de Lehman. A fines de 2007, tenía casi US$ 700 millones en acciones bonos y otros valores. Mientras, la inversión de sus accionistas era de unos US$ 23.000 millones. Todo el resto fue sostenido por dinero prestado. El "ratio de apalancamiento" era de 30 a 1.
El "apalancamiento" puede generar enormes ganancias. Supongamos que una persona compra una acción por US$ 100. Si sube a US$ 110, la ganancia es del 10%, lo que está bien. Ahora, supongamos que esa persona pide prestado US$ 90 de los US$ 100. Si el precio sube a US$ 101, ganan 10% por una inversión de US$ 10 (técnicamente el precio tiene que exceder un poco los US$ 101 para cubrir los intereses). Si llega a US$ 110, habrá duplicado el dinero. Impresionante.
Una vez armados, todos estos componentes crean una alocada maquinaria de apuestas. Los operadores y los gerentes financieros tuvieron enormes incentivos para hacer lo que fuera necesario con la finalidad de incrementar las ganancias de corto plazo. Hipotecas dudosas fueron empaquetadas en bonos, vendidas y transadas. Las empresas de inversiones tuvieron enormes incentivos para aumentar el "apalancamiento". Mientras el auge continuó, el gobierno se mantuvo al margen. Los ratios de "leverage" siguieron creciendo hasta llegar a más de 60 a 1.
SUBESTIMAR. Los líderes de Wall Street no engañaron a los clientes ni a quienes les prestaron, para que asumieran riesgos que se sabían podían resultar perjudiciales. En cambio, llegaron a la conclusión que los riegos eran bajos o no existían. Se engañaron a sí mismos, porque los beneficios a corto plazo los enceguecieron ante los peligros de largo plazo. De manera inevitable, esos peligros surgieron. Las hipotecas cayeron. La poderosa lógica del alto "apalancamiento" entró en retroceso. Las pérdidas erosionaron las pequeñas bases de capital de las empresas, suscitando dudas respecto de su sobrevivencia. En el corriente año, Lehman perdió casi US$ 8.000 millones en transacciones con acciones, bonos y otros papeles.
Todavía no resulta claro cómo se reestructurará Wall Street. El efecto inmediato puede dañar al resto de la economía. Los bancos y bancos de inversiones podrían hacer más estrictos los estándares crediticios, lo que dificultaría la recuperación de la economía. Pueden producirse más caídas de empresas financieras. Resulta difícil saberlo, debido a que las crisis financieras se parecen a las guerras en un aspecto crucial: son consecuencia de errores de cálculo.
La cifra
8.000 Son los millones de dólares que perdió Lehman Brothers Holdings en este año por transacciones con bonos y acciones.