"Hay heridas históricas por cerrar"

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El País

Carlos Reyes

"Paisito" es una película interesante, que luego de su estreno el 3 de octubre, seguramente dará mucho que hablar aquí en Uruguay. Principalmente, porque se trata de un trabajo de la directora española Ana Díez, ubicado durante los días previos al golpe de Estado de 1973.

Sobre la política, la infancia y la relación con el pasado trata Paisito, una película bien narrada, con un toque de acción y un sensible planteo sobre cómo procesar los trágicos hechos de la dictadura. Pero la historia también abarca los vínculos entre los uruguayos que se fueron y los que se quedaron, cómo es vista la dictadura uruguaya desde España y cuáles son las vías para cerrar esas heridas. La directora (nacida en Pamplona hace 53 años) habló además con El País sobre cómo es hacer cine en Uruguay, qué hay y qué falta.

"Los exhibidores de cine dividen en tres géneros: comedia, drama y thriller. El drama tiene pocos adjetivos y el thriller muchos. Pero la narrativa cinematográfica de hoy ya no se inscribe en géneros: en esta película, aborda un hecho que ocurrió en Uruguay, que sin duda truncó la vida de muchos ciudadanos. Entonces la idea fue contar esas historias para que no queden en el olvido. Creo que viéndola la gente se puede emocionar, puede hacer pensar en lo que pasó en este país, pero no quiero contestar a la pregunta si es o no un filme político".

Dos buenos actores argentinos (Mauricio Dayub y Nicolás Pauls), un notable intérprete español (Emilio Gutiérrez Caba, el de La Comunidad) y muchas caras conocidas del teatro uruguayo integran esta sensible meditación sobre la nacionalidad, el país de origen y la emigración.

- Asombra al ver "Paisito" la reconstrucción de época de ese Uruguay del `73.

- Mi gran preocupación era que es una película de época, pero de un período no muy distanciado y eso es más difícil. Pero antes de empezarla hicimos un viaje a Uruguay que fue brutal, porque había rincones que estaban igual, que no habían cambiado nada y me quedé descansadísima. Es un gran plató Montevideo para rodar cosas del `73, porque la especulación inmobiliaria no fue como en otras ciudades, donde vas al cabo de 15 años y no las reconoces.

- Además optó por una paleta muy particular.

- La puesta en escena cromática pasa por tonos azul cielo grises, muy suave, nostálgicos, muy de la memoria. Eso fue a nivel de producción bastante difícil, porque cuando ruedas en exteriores una película de época, no sólo tienes que cortar esa calle sino cinco cuadras más, para que no se vea, por ejemplo, un coche del año 2003 pasando por el fondo. Además, si no es de época no importa que salga uno de una casa vestido de amarillo. Pero en este caso, si sucedía eso había que repetir la toma y eso es costo, porque es tiempo y el tiempo en cine es dinero.

- El miedo es otro elemento que está captado con sutileza.

- Bueno, yo he vivido en mi adolescencia los últimos años del franquismo, sé qué es no poder hablar de nada y de las miradas sospechosas. Mi preocupación fue que ese miedo fuese subliminal. Yo sabía que nunca iba a haber una escenas salvajes, sino que era un miedo muy del interior. Ese miedo que está como rodeando, en la angustia de los personajes, que hablan y no hablan, se miran y no se miran: creo que eso está en la peli.

- ¿Como fue rodar en Uruguay desde el punto de vista técnico?

- No fue difícil, es decir, hay cosas técnicas que es más fáciles de contar con ellas en Argentina, porque allá hacen más largometrajes. Lo que pasa es que Uruguay es un plató de publicidad, entonces hay cantidad de tecnología audiovisual de última generación, pero hay otras cosas que no hay.

- ¿Y en cuanto a los técnicos?

- Hay gente muy preparada, pero como se hacen pocas películas, de repente no estaba tan acostumbrado el equipo a trabajar siete semanas, con tanta intensidad. Por otro lado, rodar cine exige otro tipo de preparación. Porque la publicidad es: todo para que este vaso sea maravilloso. En cine no sólo es el vaso, es el actor, el entorno, todo.

- ¿Encontró al trabajar aquí resabios de la dictadura?

- Hay algo. No en el trato diario, pero sí en algunos estamentos, cuando hubo que explicar de qué va la historia. Bueno, había que callarse un montón de adjetivos y manejarse con una sinopsis muy escueta. Porque podía haber reticencias a rodajes, me explicaron que son vestigios de la dictadura.

- ¿En España una película sobre la dictadura uruguaya tiene público?

- Es complicado, porque en este momento la comedia televisiva arrasa. También es cierto que las dictaduras por antonomasia en América Latina son la argentina y la chilena, sobre todo la argentina, que al tener juicios, está más presente en la memoria colectiva. La uruguaya no se conoce para nada, en parte porque no ha habido tanta revisión. Creo que hay cierto cariño por el pueblo español hacia el uruguayo: hoy Uruguay no es Argentina, a nivel vox pópuli. Por eso, cuando hablas en España de la dictadura uruguaya te dicen, `ah, claro, Uruguay también tuvo dictadura`. Y hay interés en qué pasó en esa dictadura que apenas conocemos.

- "Paisito" plantea un juego entre lo uruguayo y lo español...

- Exacto, el filme plantea ese juego, porque el hijo de gallegos nacido en Uruguay, aquí era el gallego y en España es el uruguayo. Es que cuando uno ha dejado la tierra de origen por obligación, ya no encuentra nunca un lugar en el mundo. Eso se ve reflejado en la película, donde el más gallego es uruguayo.

- ¿Cómo ubica esta película en su carrera?

- Yo estudié cine en México y luego trabajé en varios países de América Latina. O sea que rodar fuera de España es normal en mi carrera. Y si bien sé que Uruguay no es México, siempre me fascina cruzar el charco y poderme expresar con la misma facilidad en Madrid que en Melo. Además, más allá de la dictadura, el filme trata de la amistad y la traición, temas que se repiten en mis películas.

- ¿Cómo fue trabajar con María Boto, que es hija de un desaparecido?

- No muy complicado. No lo sé, pero creo que no hubo catarsis por parte de ella. Sí es cierto lo que muestra ella en su personaje, pero no fue algo que se tomó como material de ensayo. Imagino que ella habrá preparado su personaje dentro de esa tristeza, de esa nostalgia, de ese personaje que es ella en la realidad. Porque las desapariciones te dejan una parte de tu espíritu pendiente con algo. Hay una cuenta que nunca se salda, y eso está trasladado su personaje. Yo me daba cuenta que estaba manejando material altamente peligroso, pero bien, no hubo problema. La mirada de María es insustituible, por su cara, por sus emociones muy parecidas, entre angustia, nostalgia y terror.

El actor uruguayo para cine

Andrea Davidovics, Eduardo Migliónico y Jorge Temponi son algunos de los actores uruguayos de "Paisito", además de los niños Pablo Arnoletti y Pía Rodríguez. "Lo fundamental era encontrar unos niños que pudiesen dar en el papel -dice la directora-, y una vez encontrados tienes que tener la madre y el padre que se parezcan. Y aparecieron Pablo y Pía, quedamos fascinados, porque no es que fuesen los actores, eran los personajes. Luego se pensó en quién va a ser la niña y la niña de mayor, porque los dos adultos tienen parte de las miradas que tienen los niños. Ellos nunca supieron en guión. Iban al rodaje y preguntaba qué hay que hacer. Tanto que Pía, cuando tenía que decir la palabra "tupamaro", decía `¿Tupaqué?`".

Según Díez, quedó fascinada con el casting que hizo en Uruguay, ya que "para donde mires te encuentras con cinco actores buenísimos para un rol. Incluso, con la cantidad de personajes que tiene la película, todos los actores son excelentes: aun con los secundarios, era aparecer, darle una lectura al texto y ya lo tenían hecho. Creo que en este país hay una gran potencia salvaje de actores, gente que está muy preparada, sin duda por la tradición teatral que hay en Montevideo".

El estreno de "Paisito" (que tiene guión de Ricardo Fernández) tuvo lugar primero en Buenos Aires, ahora llega a Montevideo y en octubre llegará a España. "El camino fue a la inversa, porque en España la temporada alta es en invierno: en verano se estrenan otro tipo de historias. Por eso se consideró mejor estrenarla hacia octubre".

De las victorias de los perdedores y las derrotas de los vencedores

"Paisito" cuenta la historia de dos familias y, según afirma su directora, "parece que no pasa nada, pero está pasando, a través de una tensión creciente sobre qué va a ocurrir con el golpe de Estado y con este cambio en la vida de cada personaje". Para dar esa perspectiva, la película juega con dos tiempos, contraponiendo la infancia de los protagonistas a sus años de vida adulta.

"Contar nada más lo que pasó para esas familia, que es ficticio -observa Díez- creímos que no tenía suficiente fuerza: tenía que lograr un contraste con el presente, que lo representan dos personajes que han tenido diferente suerte en la dictadura. Una es hija de los vencedores y, como dice ella, `no entiendo cómo pudimos perder si ganamos la guerra`. Y el otro es hijo de los perdedores, pero tiene una posición en el presente contraria: no le interesa para nada revisar la historia".

"Eso es lo que me gusta de la historia: el contraste de cómo interpretar la historia, desde dos personajes a los que les ha ido en la feria de manera muy distinta. Creímos que era importante el cuestionamiento de la historia pasada desde el presente. Y por eso ni el malo es malísimo ni el bueno es buenísimo", remata Díez, quien tiene una larga trayectoria también como documentalista, hecho que se nota en esa aproximación limpia a los hechos.

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