JORGE DE PAULA
La Real Academia Española definió estrés como la "situación de un individuo, o de algunos de sus órganos o aparatos, que por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, los pone en riesgo próximo de enfermar". En términos médicos el estrés se relaciona con una reacción de alarma. Se trata de una respuesta ante un requerimiento real o imaginario, que implica un esfuerzo superior al basal para adaptarse a esa demanda. Las situaciones que generan respuestas de alarma pueden ser puntuales o reiteradas y prolongadas en el tiempo. Estas últimas llevan a un estado de vigilancia permanente. A su vez, las respuestas a los estímulos que las provocan, pueden ser adecuadas o inadecuadas al factor que las desencadena, y pueden o no ser eficaces para superar la situación.
Las crisis generan una respuesta de alarma aguda que predispone al individuo para enfrentar el peligro o para huir de él. Se pone en marcha un mecanismo neuro-hormonal que libera adrenalina y nor-adrenalina. En cambio, los estados permanentes de alerta se canalizan a través de una secreción hormonal de la hipófisis y suprarrenal, que liberan otras hormonas: ACTH, corticosterona y cortisol, inhibiendo la producción de testosterona. El aumento del tono simpático con liberación de adrenalina y noradrenalina causa taquicardia con aumento del flujo de sangre del corazón a los tejidos. Aumenta la presión arterial, por vasoconstricción en sectores menos vitales (como la piel), desviando el flujo hacia el cerebro y los músculos, para enfrentar el peligro. Simultáneamente, baja la secreción de insulina para que aumente en sangre la glucosa que utilizará el cerebro, que no requiere de insulina para utilizar la glucosa. Con la misma finalidad se produce liberación de glucosa almacenada en el hígado.
Los cambios producidos aumentan los riesgos cardíacos por un mayor trabajo con aumento del consumo de oxígeno y mayor probabilidad de arritmias graves. La muerte cardíaca por estrés se comprobó en cifras estadísticas registradas en Vietnam, donde el 20% de los soldados no murieron por heridas de bala, sino por infarto miocárdico. Lo mismo ocurrió en la guerra del Golfo Pérsico y en la ciudad de Tel Aviv sometida a bombardeos. En Los Ángeles en 1994, cuando la ciudad sufrió un terremoto, se registró un pico de muertes no traumáticas (de causa cardiovascular), que luego descendió bruscamente.
El estrés crónicamente prolongado puede alterar el comportamiento humano relacionándose con: a) dietas inadecuadas que causan obesidad y sobrepeso y/o precipitan tendencias genéticas a la dislipemia y/o diabetes; b) aumento del tabaquismo; c) aumento del sedentarismo y una mala respuesta para seguir indicaciones médicas.
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Comer y descansar adecuadamente.
Además de una dieta balanceda y saludable, se recomienda respetar el tiempo de descanso y esparcimiento, durmiendo diariamente de 6 a 8 horas, y descansando un día a la semana, con uno o dos períodos anuales de vacaciones.
El estrés crónico y sus consecuencias
El estrés crónico incrementa el riesgo de sufrir otras enfermedades, sobre todo de enfermedad coronaria. Otras patologías desencadenadas por el estrés crónico son: úlceras gastro-duodenales, colitis ulcerosa crónica, artritis reumática, migrañas y enfermedades inmunitarias.
Los beneficios del ejercicio físico
Existe acuerdo en considerar que el ejercicio físico y el combate contra el sedentarismo es la principal estrategia contra el estrés. El beneficio que aporta el ejercicio se produce a través de tres áreas diferentes: de la emotividad, la reactividad, y en los cambios de estilo de vida.