EDWARD PIÑÓN
El 70% del rendimiento de un equipo depende de los jugadores. Podrá discutirse si el porcentaje es mayor o menor, pero es imposible rebatir que tienen mayor injerencia los futbolistas que el entrenador a la hora de la exposición colectiva en un campo de juego.
En ese rubro, ni Nacional ni Peñarol están teniendo el adecuado aporte de sus futbolistas. Y genera enorme sorpresa verlos como sufren con el dominio del balón de sus adversarios.
En filas aurinegras es llamativo el bajo rendimiento de Antonio Pacheco y Carlos Buenos, de la misma forma que es incomprensible que sólo consiga ser peligroso cuando tiene una jugada de pelota quieta.
En los tricolores ya no es sorprendente que Martín Ligüera no rinda, pero provoca alarma que no sean capaces de hilvanar ni siquiera media jugada de ataque.
Eso, por otra parte, afecta directamente a los entrenadores, porque su cuota parte de responsabilidad está dada en la elaboración de un esquema de juego.
No se trata de pedirles que tengan decenas de jugadas como fabrica Juan Ramón Carrasco en su laboratorio, pero al menos podrían regalarle algo a los hinchas.
Nacional provocó bostezos y Peñarol generó intensos dolores de cabeza. Fueron tan malos que cabe preguntarse: ¿qué hacen en los entrenamientos?