Durante la peregrinación al santuario de Lourdes, el Papa Benedicto XVI ratificó la importancia de la familia tradicional y advirtió que "No se deben aceptar las iniciativas que tienden a bendecir las uniones ilegítimas".
Al hablar ante 170 obispos y cardenales y una multitud de 150.000 fieles, el pontífice alemán abordó la "cuestión particularmente dolorosa de los divorciados vueltos a casar" y dijo que la Iglesia "mantiene con firmeza la indisolubilidad del matrimonio".
Observadores del Vaticano interpretaron las afirmaciones de Benedicto XVI como una advertencia ante los casos registrados en Francia de sacerdotes que han bendecido a parejas de católicos divorciados y vueltos a casar, a los que incluso se les ha permitido comulgar, lo que prohibe la Iglesia.
Reconoció que "muchas parejas atraviesan pruebas muy dolorosas", pero reafirmó que en esos casos "lo que hay que hacer es ayudarles a comprender la grandeza del matrimonio y animarlos a no relativizar la voluntad de Dios y las leyes que él nos ha dado".
Según la tradición, el 11 de febrero de l858, la Virgen apareció ante la joven Bernadette y sus dos hermanos. Por indicación de la Virgen, Bernadette excavó en el barro, y bebió agua fangosa de la gruta. De allí brotó el agua a la que hasta hoy se le asignan poderes curativos.
Cada año peregrinan a la ciudad de Lourdes unos seis millones de fieles, muchos de ellos enfermos en busca de un milagro o de un alivio a su sufrimiento.
El Papa, como cualquier otro peregrino, permaneció atento y piadoso en la gruta, rezó por la paz mundial y tuvo instantes de profunda meditación, como hacían los miles de personas congregadas ante su presencia. "Benedicto XVI es magnífico, tiene una cabeza prodigiosa", destacó el peregrino español Javier Pintado.
"Juan Pablo II era más cercano al pueblo", comentaba, en tanto, un taxista parisino, al marcar que la figura del pontífice alemán aparece muchas veces a la sombra de su popular predecesor.
Asimismo, en nombre de la "unidad", entre tradición y modernidad dentro de la iglesia católica, Benedicto XVI defendió durante su visita a Francia su adhesión a las prácticas litúrgicas antiguas como la comunión de rodillas y la misa en latín. En la ciudad de Lourdes, el Papa explicó a los obispos su decisión de permitir la misa a la antigua. Un buen número de prelados había aceptado con reservas esta medida, interpretándola como un apoyo a los tradicionalistas.
Por su parte, Monseñor Guido Marini, nuevo director de celebraciones litúrgicas, explicó estos cambios en la necesidad de valorizar "el sentido del misterio" y de lo "sagrado".
En la Explanada de los Inválidos de la ciudad de París, donde se encuentra la tumba de Napoleón, que tuvo prisionero al Papa Pío VII, el Papa comenzó su homilía en perfecto francés hablando a la "bella ciudad de París".
Condenó a los "ídolos contemporáneos paganos" diciendo que "el amor al dinero es la raíz de todos los males."
Unas 260 mil personas se congregaron en la gran explanada, haciendo alarde de fe, en este país tradicionalmente religioso que experimentó una enorme caída en el fervor de la fe católica.
El Papa hizo un llamado a las vocaciones religiosas que declinan en forma alarmante en toda Francia. El número de personas que siguieron con devoción el mensaje, fue considerado como un renacimiento del catolicismo en Francia. (BASADO EN Agencias)