Santa Cruz, el departamento económicamente más importante de Bolivia, estuvo paralizado el fin de semana por el temor y la escasez de combustibles, cuando se intensifica el conflicto que la enfrenta junto a otras regiones al gobierno central.
Centenares de vehículos hacían cola frente a las estaciones de servicio de toda la ciudad de Santa Cruz, la capital de la región, a la espera de las limitadas entregas de gasolina y diesel. Los conductores durmieron por horas en sus automóviles para recibir apenas 10 litros de combustible. Los santacruceños también hacían cola para recibir los cilindros de gas necesarios para cocinar.
A lo largo y ancho de todo el departamento, manifestantes anti-gubernamentales bloqueaban el paso de camiones con alimentos y otros bienes. Los disturbios también afectaban al aeropuerto de Santa Cruz. Los pasajeros que llegaban a la ciudad en los escasos vuelos que aún tenían lugar en Bolivia se encontraron con que los accesos a la terminal aérea estaban bloqueados y que los taxis no podían llegar hasta ella.
Las líneas de teléfonos fijos y celulares funcionaban irregularmente. El mayor operador de esos servicios, la estatal Entel, estaba seriamente afectado por el saqueo de sus oficinas en la ciudad.
Pero a pesar de que la mayoría de los residentes del departamento apoyan al prefecto conservador, Rubén Costas, en su lucha contra el presidente Evo Morales, hubo escasos hechos de violencia. Predominaba, sin embargo, el miedo.
Eugenio Ondo, un vendedor callejero en un barrio de mayoría indígena, y uno de los pocos en los que predominan los seguidores de Morales, dijo que el habitualmente concurrido mercado donde trabaja, estaba "vacío, no hay actividad". "Todos los días y noches hay provocaciones".
Otro vendedor cercano, José Luis García, explicó que ese barrio periférico estaba siendo hostigado en los atardeceres por la derechista Unión Juvenil Cruceñista que mantiene vínculos con la oposición. "La gente tiene miedo de que la Unión Juvenil venga aquí y queme todo".
En muchos lugares de Santa Cruz quedaban las huellas de los saqueos y destrozos que se produjeron durante la semana. afp