Del 2010 hacia delante

FRancisco Gallinal

Cada día nos da más y más confianza en que el Partido Nacional habrá de recibir el honor y la responsabilidad de conducir el gobierno desde el 2010. La opinión pública se está expidiendo con firmeza y ha de terminar con un pronunciamiento claro en las urnas.

La esperanza está en el Partido Nacional, que fiel a sus valores tradicionales y a su estilo frontal y sin cálculos de costos políticos, es la colectividad política capaz de restituir a la nación el rumbo perdido.

Pero cuidado, una lección que tanto el Frente Amplio como las demás fuerzas políticas tienen que haber aprendido en estos años, es que si bien ciertamente importan las mayorías a la hora de la definición de numerosas cuestiones, la gobernabilidad debe ser celosamente custodiada, porque no tiene horizontes de ciclos electorales, sino de desencantos o confianzas en el sistema democrático.

El diálogo respetuoso, la incorporación de puntos de vista ajenos y, sobre todo, el consenso para elevar las miras más allá, hacia un futuro compartido, hacen a la esencia misma de la gobernabilidad.

Ello debe encontrar sus pistas de aterrizaje en todos o casi todos los asuntos, pero hay algunos que requerirán la atención prioritaria a la hora de construir políticas de Estado y que exigirán de la futura oposición frentista muestras de grandeza.

El primero es, sin duda, el relativo a la seguridad pública, tema en el cual el gobierno se viene encerrando en una suerte de autismo del cual la única víctima es la población respetuosa de las leyes. Hay tres millones rehenes de diez mil delincuentes, realidad inescapable que no se puede enfrentar con ironías mediáticas sino con una actitud firme.

El segundo es la recomposición de las relaciones internacionales del país, área en la que supimos tener un bien ganado prestigio que en poco tiempo se ha ido al garete, aunque el actual Canciller esté luchando para intentar recuperarlo. Tanto en un MERCOSUR donde los socios menores son avasallados, como en un plano más amplio, los intereses permanentes del país se han visto mal sustituidos por dudosas amistades con gobiernos de supuesta afinidad ideológica, que nos conducen por caminos de confrontación.

El tercero (del cual el anterior es un pilar fundamental) es dar un fuerte impulso, real y no discursivo, a la inversión productiva, lo que requerirá un manejo prudente de las políticas macro y macroeconómicas, donde se debe reducir la presión fiscal -aunque habrá que ver qué margen de maniobra permite la magnitud del desequilibrio que dejará el gobierno-, reequilibrar las condiciones jurídicas y laborales del mercado, hacer modificaciones para jerarquizar este impulso, y desarrollar en todos los ámbitos gubernamentales una indeclinable vocación por captar inversiones que generen valor agregado y una mejor inserción internacional.

Y en el campo de la educación estatal hay una inmensa tarea pendiente, sobre la cual sabemos qué difícil será acordar una política de Estado, dado que el sistema es concebido y usado por ciertas orientaciones políticas como una trinchera ideológica antes que como la gran fuente de igualdad de oportunidades que debería ser. Pero no escatimaremos esfuerzos, porque ni nuestra visión ni la del país se agotan en el lapso de 5 años. Estamos obligados a ver más allá y hacerlo entre todos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar