CARMEN MORÁN | EL PAÍS DE MADRID
Cada vez son más las parejas que deciden "convivir" en casas separadas e incluso ciudades diferentes. Quienes lo practican aseguran que la relación no se ve perjudicada y que es una forma válida para que la carrera profesional de ambos integrantes pueda seguir adelante. Tanto ha crecido esta tendencia en los últimos años, que ya se ha acuñado un término que las define: LAT, que en inglés significa vivir juntos pero separadamente (living apart together). Emparentado con esto ha surgido el movimiento llamado "Just Women", que defiende las ventajas de que las mujeres, además de vivir lejos de sus parejas, compartan el hogar con personas de su mismo sexo en similar situación.
Marta, Lidia y Ariadna son amigas y residentes en Barcelona. Las tres están entre los 35 y los 40 años. Todas han tenido o tienen novio y ya hay bebés que corretean por casa. La peculiaridad de estas tres mujeres es que un día, hace unos seis años, cuando normalmente una se plantea formar una familia con su pareja, como manda la tradición, ellas decidieron comprar un piso grande con una habitación para Marta, otra para Lidia y otra para Ariadna. Esto se conoce como parejas LAT, las siglas en inglés de "living apart together", es decir, viviendo separados, pero juntos. Son un nuevo modelo de familia, un hombre y una mujer, por ejemplo, que se quieren, que incluso tienen hijos, pero no viven juntos, siempre hay dos domicilios. ¿Es eso una familia? "El concepto familia-hogar, tal y como se ha entendido tradicionalmente, tenía que satisfacer tres requisitos: que existiera convivencia bajo un mismo techo, entre personas unidas por el parentesco, y formando una unidad de carácter económico", explica la catedrática de Sociología de la Universidad Carlos III, Constanza Tobío, de España.
Pero ahora una buena parte de la sociedad entiende que los modelos familiares son tantos como la libertad de elección de las personas. A veces, formar una pareja o un matrimonio, pero vivir separados, ni siquiera es una decisión voluntaria. O no la deseada. Pero ocurre y cada vez con más frecuencia. Los motivos pueden ser muchos, pero uno de los más habituales es el trabajo, sobre todo porque ahora también la mujer gana un salario fuera y no quiere frustrar su carrera profesional por seguir al marido a su destino.
Quizá preferirían dormir bajo el mismo techo, pero han elegido libremente. Y, de paso, han descubierto que este modelo puede ser enriquecedor y eterno sin que se resienta la salud de la pareja.
ADAPTACIÓN. Araceli y Pedro llevan así 18 años, una en Madrid y el otro en Barcelona. Él es funcionario y ella periodista. "Al inicio de la relación se hace un poco cuesta arriba, el teléfono puede ser entonces fuente de disgustos y malentendidos, pero cuando te vas conociendo más todo marcha", dice ella. "Para mí es tan importante la calidad del trabajo como la de los afectos. Nos vemos casi todos los fines de semana y normalmente pasamos juntos las vacaciones, aunque a veces, no todas. ¿Ventajas? Podría decir que la relación se desgasta menos, pero no estoy convencida de eso, porque hemos pasado un año juntos en estos 18 y no he notado una presión indeseada, también estábamos a gusto. La complicidad no tiene que ver con la convivencia", afirma Araceli. Los dos saben que si no fuera por el trabajo vivirían juntos, claro, pero seguirían manteniendo su independencia. Los inconvenientes no tienen ni que pensarlos: "Hay que tener dinero, porque se gasta mucho en viajes y en tener dos casas abiertas".
Efectivamente, los demógrafos y expertos en familias sospechan que la mayoría de estas parejas goza de una economía holgada, que tienen trabajos liberales que les obligan a vivir en ciudades distintas. Pero las estadísticas son muy pobres, al menos en España. A falta de números fiables hay que acudir a los casos reales que suelen responder a ese perfil de profesionales liberales que optan por alimentar sus carreras a pesar del inconveniente de estar separados, o disfrutando de las ventajas que también brinda este modelo de vida. Así, unos toman la decisión impelidos por el trabajo, a otros les ayuda la ausencia de hijos.
Esto último ocurre entre gente mayor, cerca de la jubilación, o uno de ellos jubilado, que deciden vivir separados, uno en la casa del pueblo y otro en la ciudad, por ejemplo. En este caso la decisión es por completo voluntaria.
Poco convencionales
Las parejas LAT, cuya sigla en inglés significa "living apart together", es decir, viviendo separados, pero juntos, son aquellas que por privilegiar las oportunidades de desarrollo laboral o profesional de sus integrantes toman la decisión de formar una pareja, pero viviendo en hogares diferentes. Incluso ubicados en ciudades distantes varios kilómetros y viéndose solamente los fines de semana. Muchas tienen hijos, que se alternan para vivir un tiempo con cada uno.
Emparentado con esta tendencia, está el movimiento que ha sido bautizado como "Just Women" (solo mujeres). Se trata de dos o tres mujeres que deciden vivir juntas, manteniendo cada una sus parejas e incluso conviviendo con los hijos. Entre las ventajas que destacan de vivir así están la complicidad, el poder prestarse ropa, el compartir las tareas de la casa, así como el cuidado de los niños y no tener que ver fútbol ni aguantar visitas de suegros.