María Julia Pou
Comenzaron los tiempos electorales y -prematuramente- se van esbozando los posicionamientos de los distintos sectores de la vida política nacional. Es natural que los protagonistas intenten captar la atención de la gente, pero para ello compiten con muchos asuntos de interés diverso.
Para la mayoría de la población los temas que más importan son los que afectan la vida diaria: el precio de los alimentos, la eficiencia en los servicios de salud, la estabilidad en el trabajo, la calidad de la educación, la seguridad en las calles. En fin, que los uruguayos somos gente normal en cuanto queremos tener la posibilidad de llevar una vida sin sobresaltos, y diseñar -hasta donde es humanamente posible- nuestro porvenir.
Luego asoman en nuestro horizonte temas de orden general acerca de los cuales nos informa la prensa y frente a los cuales podemos tener alguna opinión pero no la sensación de que nos afecta en forma directa. Esos temas van desde la pérdida consistente de los casinos montevideanos hasta la buena noticia de la apertura de un nuevo centro CAIF.
Todas estas consideraciones previas tienen la intención de intentar delimitar cuales son los temas en los que sería realista elaborar políticas de estado. Porque si de algo vamos a oír hablar en los tiempos por venir va a ser de la necesidad de políticas de estado.
Muchas veces hemos pensado que sería más propio hablar de políticas "de país" siendo, para nosotros, esta categoría superior a la de Estado, pero ella ya tiene un lugar ganado en el lenguaje cotidiano que nos incluye a todos y todos sabemos lo que queremos con ella decir.
No es probable y ni siquiera bueno que en una nación como la nuestra encontremos las unanimidades.
Cuando referimos a las políticas antes definidas sabemos que deben de conjugar en su alrededor el suficiente apoyo como para que el común denominador que articule a las diferentes corrientes de opinión sea lo suficientemente fuerte como para superar las barreras de las sucesivas administraciones.
El primer tema en el que se debe de encontrar este mecanismo es en el de la orientación internacional del país. Si en algo debemos buscar una dirección inequívoca es en nuestra proyección hacia fuera. Pero aun en este esencial punto sabemos que habrá quienes pretendan hacer pesar las ideologías de los gobiernos, mucho más que los intereses y que es nuestra posición.
Pero más allá de estos matices, habiendo un gobierno con mayoría absoluta y habiéndose proclamado una y mil veces la necesidad de lograr las mentadas políticas de Estado, por qué hay que esperar hasta después de las elecciones para implementarlas? ¿No será que el concepto suena bien y queda mejor pero que no hay reales comunes denominadores entre nosotros? Ni en seguridad ni en salud, ni en política internacional, ni en el régimen impositivo, ni en educación hay materia prima -en el tiempo actual- para acercar a las partes, lo que no deja de ser una situación no solo indeseable sino que a la vez preocupante.
Nos volveremos a ocupar del tema, pero una visión realista del panorama nos lleva a concluir que tendremos gobiernos de mayorías y no de políticas de Estado, salvo un convencimiento de alguna de las partes opuestas, que vemos -por ahora- difícil.