Colisionador de Hadrones
Es casi imposible de imaginar, pero es cierto. Se trata de un experimento científico que lleva tanta cantidad de cable (10 veces más fino que un cabello humano) como para cubrir de sobra la distancia de la Tierra al Sol cinco veces; que uno de sus detectores es más grande que la parisiense catedral de Notre Dame y que otro tiene un sistema de imanes con más hierro (10.000 toneladas) que la Torre Eiffel.
Todo ello está montado en un túnel circular de 27 kilómetros que las partículas elementales de los experimentos recorrerán más de 11.000 veces por segundo. Está previsto que cuando choquen entre sí en cuatro puntos de colisión, las partículas se desintegrarán y crearán otras nuevas nunca producidas hasta ahora artificialmente, en condiciones controladas de laboratorio. Los físicos de todo el mundo que estudian los componentes fundamentales de la materia están tan entusiasmados como impacientes por empezar a trabajar con este colosal experimento, que se pondrá en marcha mañana, después de casi 20 años de desarrollo y miles de millones de dólares de inversión.
Se llama Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en sus siglas en inglés) y se pondrá en marcha mañana en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), en la frontera franco-suiza. Allí, a un centenar de metros de profundidad, en el túnel del acelerador, físicos e ingenieros de todo el mundo se afanan por acabar todo a tiempo para inyectar los primeros haces de partículas en el LHC y comprobar -eso esperan- que todo funciona. Es un acelerador único, que reposa en tecnologías de vanguardia desarrolladas para su propia existencia, pero que repercutirán en otras aplicaciones. Su construcción se decidió en 1994 y especialistas de más de 80 países participaron en el proyecto, cuyo costo ronda los 6.000 millones de euros. El diseño, construcción y montaje de esta máquina científica supone tantos retos que es difícil elegir los más llamativos. Por ejemplo: el LHC exige tal precisión en todos y cada uno de sus componentes que el efecto de marea de la luna sobre el terreno en la región de Ginebra, provoca una variación de un milímetro en la circunferencia de 27 kilómetros del acelerador generando variaciones en la energía de los haces. Los físicos debieron tener en cuenta la influencia lunar en sus datos.
"Ha sido un largo recorrido y ahora estamos todos deseando tener puesto en marcha el programa de investigación del LHC", dijo Lyn Evans, director del LHC. El encendido de una máquina así no se concreta en un momento apretando un botón, insiste Evans. Desde hace meses, se han ido completando y probando los ocho sectores que forman la circunferencia del acelerador integrada por más de 1.500 grandes imanes superconductores, conectados en fila uno con otro, para acelerar y guiar los haces de las partículas que circularán dentro, por un tubo de alto vacío. Además, hubo que enfriar todo a 271 grados bajo cero, la temperatura requerida por los imanes superconductores.
También los cuatro grandes detectores de los choques de partículas (bautizados como CMS, Atlas, LHCb y Alice), similares y complementarios, ya se encuentran listos. La mejora que supone el LHC respecto al acelerador más potente actual, el Tevatron (Fermilab, Chicago), es espectacular: generará colisiones de partículas de potencia siete veces superior a cualquier acelerador anterior.
recrear el big bang. A lo largo de ese gigantesco túnel vacío de 27 kilómetros, el LHC lanzará dos haces de protones en direcciones opuestas que correrán a una velocidad equivalente al 99,99% de la velocidad de la luz. Los imanes supraconductores no sólo mantendrán el túnel a una temperatura sólo 1,8 ºC por encima del "cero" absoluto, sino que orientarán los haces uno hacia otro. Esto generará casi mil millones de colisiones por segundo. Aquí es donde entran a funcionar los cuatro detectores ubicados a lo largo del túnel, cuya misión consiste en analizar a cada instante las partículas resultantes del choque de protones. Si a lo largo del túnel, las temperaturas están cerca del cero absoluto, dentro de estos puede llegar a superar la del Sol. Ese choque de partículas, sostienen los científicos, generará condiciones semejantes a las registradas una mil millonésima de segundo después del Big Bang, la gran explosión que originó el universo.
LA PARTÍCULA DE DIOS. La búsqueda del llamado bosón de Higgs se ha convertido en la bandera del LHC. "Las partículas elementales que se conocen son vibraciones en el vacío, la partícula de Higgs sería una vibración del vacío`", explica Álvaro de Rújula, físico teórico del CERN. "El vacío del universo, creemos, no es la nada, es una sustancia y puede vibrar". Esta "partícula de Dios" es fundamental para sostener la teoría llamada "Modelo Standard" que, básicamente, explica físicamente el mundo en el que vivimos. Pero además, se espera que las colisiones también puedan crear la "materia oscura", que compone el 96% del universo.
De tener éxito, habrá premio Nobel y una teoría mundialmente aceptada. Si no se encuentra nada espectacular, muchos creen que este será el último de los proyectos científicos de esa envergadura. (el país de madrid y agencias)
Temores y expectativa
Algunos críticos del proyecto han disparado la posibilidad de que el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) pueda sobrepasar las conjeturas más descabelladas de los científicos. ¿Podrá el poderoso y monumental dispositivo crear un agujero negro que pudiera tragarse la Tierra? ¿O acaso despedirá partículas llamadas strangelets, capaces de convertir nuestro planeta en una masa inerte?
"Obviamente, el mundo no se acabará cuando se encienda el LHC``, aseguró el líder del proyecto, Lyn Evans al ser consultado, y agregó: "Si yo supusiera que esto fuese a suceder, estaría bien lejos de aquí``.