El caso Autoparque

Contratada por Mariano Arana a mediados de la década pasada para "educar y ordenar" el tránsito capitalino, la empresa Autoparque, aunque clausuró sus actividades el año pasado, sigue dando que hablar. Mal, por supuesto, pues el más reciente capítulo de su turbia historia es la denuncia presentada por el Tribunal de Cuentas contra el intendente Ricardo Ehrlich por obstruir sus tareas de auditoría en torno a Autoparque. La acusación se funda en que el intendente y sus oficinas dependientes "al no suministrar la información requerida, dificultan, y en definitiva, obstaculizan la actividad que, conforme a la Constitución y la ley, debe cumplir el Tribunal".

Se espera que Ehrlich adopte inmediatas medidas para despejarle el camino al Tribunal y permitir el examen de todos los aspectos de la contratación de la empresa encargada del estacionamiento tarifado.

La denuncia original se gestó en la Junta Departamental, que el año pasado pidió la auditoría al Tribunal de Cuentas. Ello ocurrió después que una comisión investigadora del legislativo comunal halló trazas de irregularidades, la primera de las cuales era la legitimidad del contrato suscrito en 1995 por la Intendencia y Autoparque, y luego prorrogado a partir de 2003. La investigación de los ediles reveló que al decretarse esa prórroga la empresa carecía de certificados del pago de sus adeudos al BPS y la DGI, una seria omisión a las normas vigentes. También se denunció que la comuna hizo pagos inadecuados a Autoparque a pesar de que esa empresa era deudora del Estado.

Dada la gravedad de los cargos, los ediles opositores intentaron elevar los antecedentes del caso a la justicia penal lo que fue impedido por la mayoría frentista de la Junta, razón por la cual se reclamó la intervención del Tribunal de Cuentas. Ahora, la Intendencia cierra filas y puertas, abroquelada en defensa de su relación con Autoparque, una compañía cuya trayectoria estuvo signada por conflictos y protestas. Quién no recuerda a Mariano Arana, ceño fruncido y dedo acusador alzado, discutiendo con los vecinos de la Ciudad Vieja sobre la conveniencia del estacionamiento tarifado y aseverando que Autoparque hacía las cosas bien. El ex-intendente, hoy senador, sacó siempre la cara por este servicio contratado que, según decía, iba a aportarle fondos frescos que la comuna destinaría esencialmente a tareas culturales.

Empero, a pesar de las finalidades benéficas que Arana invocaba, Autoparque mostró siempre más vocación por cobrar que por enseñar. De este modo, se tornó experta en encepar, guinchar y multar a los conductores. Se convirtió en una máquina insaciable de recaudar enarbolando una regla de tolerancia cero que, por lo visto, nunca se la aplicó a sí misma a la hora de pagarle al Fisco. Al final, aduciendo que atravesaba una situación deficitaria, la compañía anunció la clausura de actividades dejando un tendal de acreedores, entre ellos, a la Intendencia. Además, en la Junta se dijo que incumplió con el pago del canon que debía depositar cada mes en las arcas municipales.

Así, Autoparque pasa a ser el nombre de otro de los grandes fracasos de las políticas del Frente Amplio en Montevideo. Uno más en una gestión decadente que los ciudadanos juzgarán a la hora de renovar las autoridades comunales. Porque este caso se suma a otros tan lamentables como el escándalo de los casinos -aún no debidamente aclarado por la justicia- que mantiene entre rejas a Juan Carlos Bengoa y sus lugartenientes mientras se sigue indagando sobre los 15 millones de dólares perdidos durante el segundo mandato de Arana, las sospechosas concesiones de las máquinas de slots y las donaciones recibidas de empresas privadas sin contabilidad ni recibos de especie alguna.

A estas alturas, es rotundo el fracaso de la izquierda en la conducción de la comuna. Nos lo recuerda a diario Adeom, ese gremio voraz y malcriado que tiene de rehén a la población montevideana y a las propias autoridades municipales, tan ineptas para ejercer su autoridad que, en estos días, deben recurrir a la justicia para silenciar los atronadores parlantes instalados por el sindicato en la explanada municipal. Aunque es cierto que Ehrlich puede alegar que heredó los desastres generados por su antecesor, él también tiene su cuota de culpa por no haber sabido reencauzar la situación. Y ahora, por si fuera poco, en el caso Autoparque incurre en grave responsabilidad al obstruir la indagación del Tribunal de Cuentas.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar