¿Quién dijo que todo está perdido?

DIEGO FISCHER

A la feria del libro, a la feria del libro", cantaban con alegría y entusiasmo contagiosos un grupo de escolares. De impecable túnica blanca y moña azul, conducidos por dos maestras, atravesaban la plaza principal de la ciudad de San José. La escena parece extraída de un cuento de Dickens, pero sucedió el jueves pasado y tuve la suerte de presenciarla. Hacía por lo menos 12 años que no visitaba San José. ¿Ha estado por allí últimamente? La ciudad ha renacido y es hoy por su patrimonio edilicio recuperado y su actividad cultural -sin parangón en todo el interior del país- un lugar digno de figurar en la agenda turística internacional del Uruguay. La Catedral reluce con una fachada recientemente restaurada y su interior de mármoles de Carrara y frescos de Lino Dinetto. A su lado, la Intendencia Municipal, un edificio de prestancia y rostro colonial, se asoma a una plaza que evoca a las de las pequeñas ciudades de España. En la acera opuesta, el fenecido Banco San José ha sido reconvertido en un Centro Cultural de campanillas; seguramente para estar a tono con el lindero Teatro Macció. La sala casi centenaria con historia de gloria y de leyenda será sometida, en estos días a un aggiornamento técnico. Se prevé que a fines de 2009 vuelvan a resonar en el Macció los aplausos y las ovaciones de un público fiel al arte y sus artistas.

Dos cuadras abajo convoca el Museo de San José, una institución privada que atesora una pinacoteca excepcional y que promueve actividades diarias para mantenerse vivo y vigente. Toda la ciudad es una joyita: calles iluminadas y asfaltadas, veredas en perfecto estado, jardines de plazas y paseos llenos de flores y bancos que nadie roba ni destruye; árboles podados y la limpieza que todos soñamos ver algún día en Montevideo. Recorrer San José es una fiesta; y un regalo si uno tiene la suerte de cruzarse con un grupo de niños que irradian felicidad porque van a una feria de libros.

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