Cuando es no, es no

El 29 de agosto editorializamos sobre dos intenciones de reforma constitucional que pergeñan sectores y militantes del Frente Amplio titulando con nuestra conclusión sobre su destino, "ni la una, ni la otra". Insistiremos en uno de ellos. Del primero no vale la pena abundar. Es el que propone el acto de barbarie jurídica de "anular" la Ley de Caducidad, el cual todavía está lejos de obtener el mínimo de firmas para promover el plebiscito de reforma, más lejos todavía de ser aprobado por la mayoría de los votantes, y aunque ésta se obtuviera, no creemos fácil que ningún magistrado quiera ser un verdugo del derecho, guillotinando unos de los pilares del orden jurídico universalmente reconocido como el que sería fingir que una ley que tuvo vigencia y se aplicó durante veintidós años no habría existido nunca. Ese es el efecto natural de una nulidad.

Pero caben menciones adicionales al segundo de los proyectos de reforma porque algunos que creen que si Vázquez se postulara a la reelección el Frente se mantendría en el poder -confunden lo que es "índice de popularidad" con intención de voto- lo cual, en realidad, con el Presidente o sin él, no ocurriría de acuerdo con las claras tendencias que están indicando las encuestas.

El asunto de la reelección, tiene como antecedente inmediato el intento de Jorge Pacheco Areco en 1971, estando en vigencia la Constitución de 1967. En ese entonces, en nuestra opinión, el solo intento era inconstitucional. Estaba entonces en vigencia la norma que le prohíbe al Presidente de la República participar de la propaganda electoral y ejercer "cualquier acto político, salvo el voto". La postulación al cargo electivo es -no puede haber duda- un acto político, e implica una participación en la propaganda electoral de un modo espurio, a través del uso publicitario de su nombre, figura, y alusiones a su gestión de gobierno. Pero la Corte Electoral de la época, por una votación ajustadísima que determinó un resultado de cinco votos contra cuatro, entendió lo contrario y habilitó irregular e inconstitucionalmente el plebiscito. Ello, a pesar del informe en contra del asesor jurídico de la Corte, el Dr. Carlos Urruty, quien casualmente hoy es el Presidente del organismo.

Esa norma sigue vigente, por lo cual lo más probable es que con su actual integración, la Corte Electoral declarara inconstitucional una intentona similar de reelección del actual Presidente.

Y luego de entrar en vigencia la reforma constitucional de 1996, el tema ya no puede estar a debate. Es clarísimo que ese proyecto no puede prosperar, no sólo por las mismas razones que no podría haber prosperado la reelección de Pacheco, sino además porque de acuerdo a lo consagrado en dicha reforma, nadie puede ser candidato presidencial si no ha sido designado como tal en elecciones primarias, mediante un proceso regulado actualmente por los artículos 77 inciso 12 y la Disposición Transitoria W) de la Carta. O sea, que para que el actual Presidente pudiera ser reelecto debería presentarse como candidato intervenir y ganar la primaria, o debería ser postulado como candidato único por el Frente. Pero la Carta establece expresamente que "cuando las reformas se refieren a la elección de cargos electivos, al ser sometidas al plebiscito, simultáneamente se votará para esos cargos por el sistema propuesto y por el anterior". Y el "sistema anterior" a que refiere la letra constitucional, es el hoy vigente, que impone la primaria.

Podrían buscarse algunas fórmulas literales para eludir este obstáculo, pero serían de un rebuscamiento tal, que no podrían disimular la intención de legislar con nombre y apellido, lo cual a su vez agrede otros principios, como el de la generalidad de la norma jurídica.

En síntesis, Vázquez ha dicho categóricamente que no se postulará a la reelección. Si cediera a presiones, no sería serio. Es más, es una falta de respeto seguirle insistiendo con esto. Pero si se diera vuelta, es imposible jurídicamente que un Presidente en funciones pueda intentar reelegirse como tal para el período inmediato posterior. La reelección en sí misma, puede ser siempre tema a debatir y toda opinión a su respecto será respetable. Pero nunca como traje de medida que el mejor de los sastres quiera poner en determinada persona. Esto está en la naturaleza de las cosas, de acuerdo a la sabiduría de nuestro Constituyente.

No da para más.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar