SILVIA PÉREZ
La fiesta estaba preparada. La barra tricolor, ubicada ayer en el talud Héctor Scarone, coreaba el nombre del "Loco" Sebastián Abreu que los saludaba desde su palco vip. Varios niños, que iban a vivir la inolvidable experiencia de entrar a la cancha de la mano de los jugadores esperaban al pie de la escalera que desemboca en la cancha. En eso, el árbitro Líber Prudente, llamó a sus asistentes y volvió a meterse en la manga, donde se cruzó con los futbolistas de Nacional que iban rumbo a la cancha.
Nadie entendía nada. ¡Lo suspendió, lo suspendió!, afirmaban algunos hinchas. "No, no puede ser, ahora vuelve", respondían otros más crédulos. Pero Prudente había tomado la decisión de suspender el partido porque Nacional demoró en llegar al campo de juego, tal cual exige el reglamento que indica que los equipos deben presentarse en la cancha a las 15:25 horas, como hizo en la víspera Villa Española, y los partidos deben comenzar puntualmente cinco minutos más tarde.
Previamente, el cuarto árbitro, Fernando Falce, había estado cuatro minutos parado en la puerta entreabierta del vestuario tricolor, luego de golpearla, para avisar que debían salir a la cancha. Pero no obtuvo respuesta. Sin embargo, cuando regresó al campo los tricolores iban detrás suyo encabezados por Arismendi. Pero se demoraron al hacer pasar a las más de 40 mascotitas por la manga. Prudente decidió entonces suspender el partido. Según su reloj, eran las 15:30 horas, según Adriana, la delegada tricolor, cuando los jugadores ingresaron al campo eran las 15: 29.
Fuentes tricolores confiaron a Ovación que el motivo de la demora fue que Martín Cauteruccio tuvo que ir a orinar justo cuando se aprestaban a salir del vestuario.
"El partido fue suspendido, pero Nacional no perdería los puntos", anunciaron por los altoparlantes del Parque intentando que la gente no se encolerizara.
Unos minutos más tarde la puerta del vestuario de los jueces era una romería. Los delegados y presidentes de las dos instituciones intercambiaban opiniones y los periodistas, fotógrafos y camarógrafos se agolpaban intentando estar lo más cerca posible de la puerta por si salía Líber Prudente.
El capitán tricolor Martín Ligüera fue hasta allí para interiorizarse de la situación y volvió al campo. Juntó a sus compañeros para saludar a la hinchada. Luego, tras estrechar las manos de sus colegas de Villa Española, regresaron al camarín.
Después de un buen rato de espera, los delegados de ambas instituciones fueron autorizados a entrar al vestuario de los jueces. Primero lo habían hecho los presidentes, Alarcón y Pizzi, pero Prudente los hizo salir para que ingresaran los delegados.
Cuando salieron el dilema se había instalado y las opiniones eran diversas. Algunos decían que el tema pasaba al Tribunal de Penas, mientras que otros aseguraban que como para Prudente Nacional no se había presentado, perdía el partido por "walk over" y por lo tanto Villa Española ganaba por 2 a 0.
Unos 20 coraceros se unieron a la espera de los periodistas, pero su misión era otra: custodiar la salida de Prudente y sus compañeros. En las afueras del Parque Central, mucha gente aguardaba la salida del juez, totalmente fuera de sí. El grito de "Prudente, hijo de p...." se oía desde adentro. "¡Qué traigan un helicóptero, sino no sale!", aseveró un hincha.
"El árbitro no va a hacer declaraciones", anunció uno de los funcionarios de la Guardia Metropolitana. Finalmente, a las 16:45, uno de los jefes de los coraceros fue a ver cómo estaban las cosas en el exterior y regresó diciendo que era buen momento para sacar a los jueces. Prudente y sus compañeros fueron llevados rápidamente a la salida. Los micrófonos se agolparon contra su boca. "No voy a hacer declaraciones", fueron sus únicas palabras.